«Mamá, hablas igual que una bruja». Ciertamente. Las risas, el tono y las palabras de venganza que profería mi boca desde la estancia contigua se asemejaban a la alocución de bruja de cuento en toda regla. Y la maléfica sonrisa posterior; ay, la sonrisa que Lerenda debía de tener dibujada… El hashtag de la secuencia sería algo así como #nuncaestardeparaaprenderasermala.

Mala malísima en este proceso de metamorfosis que me ha traído el nuevo año. Si hace unos días posteaba, en plan Scarlett  O’Hara, en las redes sociales que a partir de ahora nacía una terapeuta desconfiada, que enterraba su ingenuidad congénita sin resurrección posible, hoy añado a mi nueva piel de desconfiada una capa más: la de v-e-n-g-a-t-i-v-a. Sí, así es, cada vez me alejo más del credo católico.

El Padrino

¿Quién dijo que la venganza no arregla nada? A mí me arregla el ánimo y hasta la salud. El solo hecho de pensar en una vendetta concreta buenísima contra unas personas que me acaban de hacer daño me ha hecho sentir divina. Hoy estoy mucho mejor con ese as en la manga. El derecho a la pataleta se me estaba empezando a quedar corto contra las injusticias que me atañen. Necesitaba… algo más fuerte (vuelve a resonar la risa de bruja).

Ja, el Padrino un aficionado a mi lado. Ya veréis. A 2015 pongo por testigo que en el ecuador de mi vida (se dice)… voy a aprender a ser mala…. O justa, que a veces es lo mismo cuando no hay justicia. Una se harta de vivir siempre del lado de los «tontos» para que otros sean «los listos». Viviendo y aprendiendo.

Lo dicho, la adrenalina y la energía altas, con esta íntima imaginación malévola recién descubierta. Cuidadito conmigo. Justo lo contrario que me enseñaron mis padres (que son de poner no la otra mejilla, sino las ocho y media).

Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.