Terapia de letras

Etiqueta: literatura

Refugio

Refugio

Refugio. Escuchas la sirena y sabes que es momento de volver a él. De cobijarte en su cueva, arrebujarte en su cuerpo y buscar su almohada. Cerrar los ojos y dejarte mecer. De entregarte al lío que nunca te falla. De sacar brillo a tu esencia. De crecer dentro. Agradezco al cielo tener refugio.

Que caigan las bombas. Es más difícil que me alcancen dentro de él.

@misdosfotografia

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La escritura nos salva

La escritura nos salva

«Escribo porque con la lengua no llego a lamerme las heridas», dice la poeta María Lorente en la cabecera de su perfil.

Escribimos desde las tripas, desde las sombras, como pataleta, para evitar la violencia, para sacar, «para que la verdad no nos estalle dentro y llene nuestras paredes de más amor, de más verdad, de más miedo» (Certezas al sol).

Cualquier prescriptor en escritura creativa coincidirá en el origen de este impulso. Estoy pensando en las palabras de la escritora Cristina Sánchez-Andrade al respecto en su diálogo con Alberto Echavarría en «Escribir un árbol, plantar un hijo y tener un libro».

La escritura nos salva del mundo y de nosotros mismos. Refugio. Me reafirmo. Lo compruebo cada día.

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@misdosfotografia.es

Tú conmigo

Larga vida al libro.

Asomé al mundo
y alguien lo registró en un libro.

Desde mis primeros recuerdos,
junto a mi almohada.
Compañero en mis noches:
ángel y amante.

Tuve hambre
y me zampé sus letras.
Dulces, agrias, insípidas…
He probado de todas.

Sentí sed
y la sacié con sus conocimientos.
Algunos colocaban.

Busqué un porvenir
y allí estaban ellos,
los libros,
herramientas.

A mi alma tocaron desamores,
lutos y otras penas.
Me salvó mi terapeuta de celulosa,
paño de lágrimas,
medicina, mago.

De mi vida nacieron otras.
Había que escribirlo.
¿Dónde mejor que en sus páginas?

Llegaron a ocupar,
dentro de mí, tanto sitio,
que alguno quiso salir.
Y lo hizo.

¿Y en la despedida?
Dejadme arder con uno,
para que sus cenizas,
fundidas con las mías,
se lleven el frío.

Yo me iré,
pero él SE QUEDA.

Todavía va a tener arreglo
el mundo…

 

 

 

Notre Dame

Llora el Sena.
Llora la Cité.
Llora el Pueblo.

Tiznado de dolor,
Quasimodo se balancea entre el fuego.
Esmeralda, gitana buena,
acuna su pena.

Sopla Nuestra Señora
y las llamas tornan en polvo,
rojo da en negro.

Alivio en la santa misa.
No hay sitio
para la alegría
en los bancos de madera.

Renacerás, Notre Dame.
Víctor Hugo,
desde las nubes,
volverá a bautizarte
en tu nueva era.