Terapia de letras

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El brillo del jefe

En tiempos sísmicos brillan los malos gestores, censores, rebozos sin calamar y perros fieles al amo cacique. Por suerte, también hay la otra cara de la moneda: relucen entre las ruinas de hoy los jefes íntegros, válidos, los que cablean, apechugan y dan la cara, esa raza que rezuma autoridad de la innata y conquista sin sonrisa sibilina.

Ángeles de las virtudes

Ángeles de las virtudes.

Estoy pensando en una capitana (o capitán) de nave del segundo grupo. Profesional íntegra, ética, fuerte, dispuesta, currelas como la que más, demasiado entregada para lo que sus gestores merecen, alma de la empresa y el producto. Que sabe hacer equipo, aunque una y otra vez se lo desmantelen quienes deciden sobre los dineros y asumen la precarización de los jóvenes licenciados como mal necesario para mantener poltronas. Acostumbrada a remar, esta responsable, más veces en charcas que en mares.

No se los merendó la crisis. Como ella, las hay y los hay.  Los hay buenos, muy buenos responsables de equipo. Lo que pasa es que no hacen ruido, no se ponen medallas. Estos capitanes, como el del Titanic, no abandonan la nave cuando se está hundiendo. Reman hasta el final. Y qué potencia en la palada.

Quiero tener uno de esos buenos jefes en mente cuando curro. Aunque no sea el mío, da igual. Mientras haya alguno de esos capitaneando naves en cualquier pateado sector, habrá una pizca de esperanza.

 

 

Bruja, profesión con futuro

El smartphone de la Bruja Lola echa humo. Va camino de superar al Papa Francisco en rebaño de seguidores en twitter (6 millones  tiene el Sumo Pontífice). No tantos, pero subiendo, en facebook. Su caché televisivo por las nubes de algodón… El oficio de pitonisa está en boga. Interpretadoras de oráculos, adivinadores, echacartas, limpiadoras del mal de ojo, líderes espirituales con tufillo a secta y hasta profetas que no se sonrojan tienen los tiempos a favor.

Les pasa como a los zapateros, mecánicos o modistas , de los que en aquellos reportajes informativos del inicio de la crisis se decía que, con esta chamusquina duradera, no les iba a faltar el trabajo en tiempos de remendar, que no de cambiar. Seguro que alguno de estos profesionales de oficio tiene mucho que replicar ahora contra aquel buen augurio de entonces. No fue la cosa para tanto.

Pero, ay amigo.. ¿qué hay de los profesionales del vaticinio? A esos sí que les ha ido bien. Y a los que no es que les ha fallado el marketing. A la ignorancia, ingenuidad colectiva, o llámese como quiera, se han unido, la oscuridad, la incertidumbre y el miedo al presente y terror por el futuro que esta crisona reparte en negrita. El campo lo tienen sembrao de clientes. Y sin moverse de la mesa camilla. Banqueros, gobernantes, chorizos de alto estanding, cobijaos y demás cohorte, cocineros, todos, de esta recesión le han llenado a la Lola el salón de desplumados solo con un par de anuncios por palabras y unos papelotes pegados con celo en las marquesinas y el centro social.

anuncio del tarot

Anuncio del tarot pegado en un portal del centro de Gijón.

Y en los portales. Allí me topé yo el cartelón que ilustra este billete y que captó  la cámara de mi teléfono. A mí que me registren: la publico (la imagen) tan pichi porque me asaltó en la vía pública. Sin pretenderlo le hago, además, publicidad gratis.

… Y la atesoro (la foto), oye. Todavía se ha librao de la papelera. Porque, leñe, cualquier día me veo llamando yo para que me pasen el agua. A ver si así, purificada, veo escampar. Aunque el ojo que nos mira es tan malo que yo creo que con unas gotitas de agua la Lola no tiene ni para empezar. Ya está armando una piscina en el salón o en el sótano para ofrecer unos servicios de inmersión y buceo en ese liquido liberador.

Mucho van a tener que trabajar nuestras lolas.

Bruja; profesión de futuro, sí señor.

Estoy pensando en cambiarle a la nena el balón de voley por la bola de Lola.

Que vaya aprendiendo algo con salida. La travesera que la sustituya por las cartas del tarot.