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Iñaki y su mensaje

Vino a decir Iñaki Gabilondo, flamante premio popular Ondas 2013, a las nuevas hornadas de periodistas, los estudiantes de Comunicación, que no se arredren pese a lo «convulso» de los tiempos, que «lo que vendrá está por escribir y tenéis que escribirlo vosotros».

Una ya no es la inocente y entusiasta alumna de Periodismo que lo escuchó embobada en la charla que nos dio a principios de los 90 en la Universidad Pontifica de Salamanca (UPSA) en el arranque de la carrera, pero me sigue calando el aplomo y elegancia profesional que destila este pequeño gran hombre del Periodismo español.

Iñaki

No me gustan las estrellas de la radio, de la tele ni ninguna otra que no esté en el firmamento. Pero Iñaki tiene un sitio en nuestro corazoncito profesional. No quiero analizar derivadas de su carrera en los medios de comunicación. Me apetece quedarme con su mensaje de hoy y mi recuerdo juvenil.

Tiempos para el amor

Son tiempos para el amor, a la prole, al chorbi o al gato. Cada cual que encuentre su objeto amatorio. La salud, ya se sabe que es lotería. Y el dinero (por eso de que «tres cosas hay en la vida»), si desde el trabajo debe llegar… nos da la risa (por no llorar). ¿Alguien tenía el dinero/trabajo en la cúspide o en el escalón intermedio de la pirámide de prioridades vitales? Pues con esta buena moza de crisis que tanto nos quiere, si es usted ese «alguien» o le ha dado una patada al dinero/trabajo para situarlo a los pies de la estructura piramidal o ahora estará ricamente amargado y/o desesperado. Y eso no: fush fush.

Bienaventurado aquel a quien la crisis no le haya pasado el brazo por el hombro aún. Porque a estas alturas de la película socio-laboral no conozco familia o comunidad en la que la bicha no se haya colado. Es un muerto que se te echa a la espalda y que no resbala de tu chepa ni aunque bailes el cha-cha-cha.

En la nube (la otra)

La crisis es una nube, pero no como la de Internet ni como la de los dichosos y soñadores. La crisis es una nube gris marengo que envuelve la etapa que a cada cual en este momento le toca vivir. Una nube-paréntesis, que deja en suspenso tu vida pensada y tu vida vivida. Un@ trata de asomar la cabeza o los pies por sus contornos ondulados, pero la nube es demasiado alta y demasiado densa. No depende de nosotros que salga el sol y la aguafiestas se largue. Y ya se sabe que, ante lo que no depende de un@… Pues resignación cristiana.

Alegoría del amor venciendo a la crisis. Autora: Rosa Valle.

Alegoría del amor venciendo a la crisis. Autora: Rosa Valle.

Y ahí nos duele al país. Piel de resignada se le está quedando a España. El rebaño nunca concentró tanto conformismo. Mansos ovinos. Ovejas conformistas que tratan de trepar a un estado superior al de la resignación: el del optimismo. Y cuesta.

«Nunca llovió que no parara», dicen nuestros mayores para medio conformarse, medio animarse. Para abrir la puerta y que corra el aire de la esperanza. Porque ya se sabe que sin ella (la esperanza), no se puede vivir; poder se puede, pero tal vez  «eso» no sea vida.

Al rebaño de desempleados, hijos de desempleados, padres de desempleados, amigos de desempleados y demás afiliaciones (no me creo que usted no tenga -añado «al menos»- un parado en su vida), si le queda el amor como a Bogart París es afortunado. Es tiempo de quererse. De adormecer con comprensión, solidaridad, mimos y lealtades esa desesperanza que la falta de trabajo, el empobrecimiento, nos regala. Valeriana para esponjar ese nubarrón-toquilla.

«Qué guapo ye querese», decimos en Asturias. Arriba en la pirámide el sentimiento de cara y cruz, aunque el diablillo del raciocinio nos recuerde que «del amor no se come».

El empleo el el Periodismo: pena, penita, pena

Una, que ama a media distancia la profesión de periodista que eligió, la carrera impopular y aún por dignificar que sus padres no sin esfuerzo le costearon allende casina, sufre con cada piedra que se cae -porque la tiran- del edificio informativo. La sangría de medios de comunicación que se cierran no cesa.

El sector periodístico que conocimos quienes estudiamos en los 90 agoniza y sus profesionales bucean en busca de salidas laborales que, en el mejor de los casos, estarán relacionadas con sus capacidades y experiencia aunque fuera de sus queridas prensa, televisión y la radio. Pero eso solo en el mejor de los casos, porque muchos colegas hace tiempo que enfocaron hacia otras actividades, incluidos el punto de cruz y la vainica doble (con todos mis respetos para los profesionales de la aguja), languidecen de am@s de casa o se asfixian en el paro. Los listos que ya vieron venir entonces la que luego llegó enfocaron ya antes de echarse al ruedo hacia la enseñanza universitaria o el mundo editorial.

Periodista apenado.

Cierto que no hay sector (salvo muy honrosas excepciones) que se libre de la quema de la crisis actual, pero es que al periodístico le dan por todos lados. Al mal generalizado del desempleo por el cierre de empresas, se une el de la pérdida de credibilidad (aquí habría que hacer autocrítica, que de ello tenemos parte de culpa los propios profesionales) y la insolidaridad ciudadana. Sí, porque a ese discurso político interesado de que la información no es ahora prioritaria frente a la Educación o la Salud, se une el que en los últimos tiempos todo quisqui se cree en el derecho de censurar y ningunear a los periodistas.  Nunca el mensajero estuvo tan desacreditado ni desautorizado, observo. Profesión desagradecida para quien la practica. Si ni el ciudadano, el receptor, la valora… mal vamos. ¿Qué nos queda?

Endogamia y sumisión

Porque el universo mediático puertas adentro da horror cuando se mira desde fuera. Desde la endogamia del propio medio es evidente que este horror no se ve. Mandos intermedios apoltronados (no los culpo, que no está la cosa para moverse del sillón) que pasan de ponerse en el lugar del otro, del chaval, ya carrozón, explotado y perenne trabajador que rota en precario, mejor formado y en no pocos casos  más válido que ellos; direcciones caciques del «yo ordeno y mando» y cuidado, que te doy la patada y luego encima te machaco la autoestima con un «ojito con lo que haces, currito, que te estás cerrando las puertas». Esto pasa en las empresas mediáticas, no es ciencia ficción. Una república bananera, porque esto lo dice un directivo en el sector del metal y se monta la marimonera. En el sector periodístico ahí va y que te preste. Nadie gurguta.

No son la prensa, la tv o la radio del interés de los sindicatos. Y de ello no echo la culpa a las organizaciones sociales. Buena parte es nuestra, de los propios profesionales, gremio individualista y poco inteligente en la lucha de sus derechos sociales, embobado por la devoción a la vocación, pasión de la que históricamente se han aprovechado sistemáticamente quienes manejan  y se reparten el parné.

El caso de la RTV autonómica de Valencia

Todo este testamento porque a golpe de Gobierno se va una radiotelevisión autonómica al garete, la valenciana. Y la justificación da miedo. Ese es otro tema para llenar cien posts: la deficiente gestión de algunos entes públicos de comunicación. Se gastó en algunas alegremente a manos llenas, se contrataron programas a dedo…. Amiguismo… En fin, si los buenos trabajadores que pringaron hablaran… Si se les escuchara. Pero cuidado con lo que dices porque en esta profesión, paradójicamente, opinar no está bien visto.  Casi ya ni generar opinión, que es aún peor. Hago autocrítica y creo que la valentía no es nuestra principal virtud.

Solidaridad con la plantilla de Valencia. Pero solidaridad también con los cientos de compañeros que en los últimos años se han ido a la calle silenciosamente en el sector privado, al albur de sus direcciones y perros fieles y de por dónde sopla el aire desde la Administración.

 

Siempre se puede ir a peor

«Siempre se puede ir a peor».

No es el consuelo del tonto. Es una constatación muy fashion en tiempos de crisis. Crisis social que salta a los hogares españoles y se convierte en personal.

Esa sensación de incertidumbre, frustración, miedo, zozobra y más sustantivos de triste figura que un día nos aplasta contra el suelo, al siguiente zapatea sobre nuestro cromo. Siempre se puede ir peor.

En el trabajo:  ¿desmotivado? ¿Quemado? ¿Explotado? ¿Envuelto en un antiambiente? No sufra, siempre se puede ir a peor. Dé gracias por no sentirse realizado en su actual trabajo, que pueden echarle y, entonces, adiós a los brotes verdes en el empleo nacional, a volverse berenjena. Más paro para este gacho país.

En la familia:  ¿no le salen las cuentas? ¿Los chavales pasan de responsabilidades y creen que amor propio es el nombre de un grupo musical? Siempre se puede ir a peor. Dos cates pueden ser siete y las cuentas pueden tornarse Nostradamus y darle en los morros con la cartera vacía.

«Puedo escribir los versos más tristes esta noche». Ilustradora: Mar Sáez.

«Puedo escribir los versos más tristes esta noche». Ilustradora: Mar Sáez.

Los amigos:  ¿ya no son los de antes? ¿Han cambiado y no los reconoce ni pasándolos por un detector? ¿O es usted el que ya no es el mismo y, amargado, ya no le aguanta ni San Pito Pato? Siempre se puede ir a peor y quedarse primero solo y, después, mal acompañado.

Consigo mismo:  ¿se fue la alegría? ¿Resopla a todas horas como un caballo percherón? ¿Rehuye los espejos? ¿Sus estímulos e intereses se han tornado meras rutinas de autoseguridad? Siempre puede ir a peor y acabar llamando a la puerta de las terapias médicas para drogar los males que no ha sabido superar.

Con el entorno:  ¿no ha encontrado aún su lugar en el mundo inmobiliario? Siempre puede ir a peor y que le larguen de ese su no-sitio actual donde habita. Lo ve todos los días en la tele; mañana puede ser usted quien salga.

Salud: ¿los años y los disgustos le pasan factura? Siempre se puede ir a peor y que esa mortal enfermedad que no deja órgano con cabeza desplace de un plumazo sus males psicosomáticos para convertirse en reina de su degradación.

[…]

No hay duda. Siempre se puede ir a peor…. Luego, igual está a tiempo de romper la cadena ¿saliéndose por la tangente?, si es impulsivo; ¿plantando cara?, si es recto y valiente; ¿sacando pecho?, si conserva el orgullo; ¿cruzando los Pirineos?,  si lo suyo es la huida o la aventura…Minimizando sus males, en todo caso, como malamente pueda, y desdibujando objetivos: relativizando, que es gerundio. Porque la crisis continúa paseando por los tejados al acecho de nuestras ventanas, como un gato hábil y hambriento.

«Hija, yo ya no estoy para este mundo»

«Hija, yo ya no estoy para este mundo». Para un mundo que se desmorona en esta piel de toro de Occidente.

Para un mundo en el que la seriedad se ha quedado sin su sentido interno, reducida a un gesto adusto en la cara.

Para un mundo en el que si «el trabajo dignifica», no hay hombres dignos, porque no hay trabajo. Y el que hay no merece el noble adjetivo.

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Para un mundo en el que las decisiones felices se posponen porque faltan los medios para adoptarlas.

Para un mundo en el que los niños aprenden realidades que no quisiéramos que conocieran.

Para un mundo en el que las soluciones son mirar para otro lado y la estrategia es «tira palante a ver si libras».

Para un mundo que nos revela que los valores que creíamos perennes resulta que son caducos.

Para un mundo donde el futuro de progreso queda al otro lado de la frontera, adonde escapan buenos, valientes, supervivientes, ambiciosos y savia nueva.

Para un mundo de líderes cojos y cojo de líderes.

Para un mundo donde las herramientas de siempre ya no sirven; por desgracia, solo se salva la tijera, de rabiosa actualidad.

Para un mundo de mansos y resignados.

Para un mundo donde la masa crece y las personas menguan.

Para un mundo donde la creatividad de serie se mata en una escuela que fabrica series.

 «Mamá, yo tampoco estoy para este mundo».

[La elegía tiene su punto de terapia]