Poner el alma en los frentes activos (el trabajo, los estudios, las aficiones, la pareja… ) se supone que entra en las buenas prácticas de la vida. Viene a ser aplicar aquello de «haz lo que quieras, pero da todo de ti para que salga bien», «pon toda la carne en el asador», «que por ti no quede» y otras máximas de la filosofía del trabajo, el esfuerzo, la ilusión y la motivación que nuestros educadores nos han inculcado y nosotros, su releveo, dentro de la rueda universal, pues tratamos de hacer prender en nuestros vástagos, alumnos y equipos de trabajo y vida.

No nos advirtieron entonces de los efectos secundarios de poner-el-alma-en. Cuando las cosas vienen mal dadas, pues el alma se chamusca y si el alma se chamusca, el cerebrito nos machaca y el cuerpo se vende al mal rollo.

Siente uno la tentación de extirparse el alma como si fuese un tumor para no padecer disgusto y cabreo. Porque, ¡ay amigo!, aquel que no puso el alma no salió escaldado de la hecatombe. Mírale, ahí tan pichi. Y esto nos lleva a la frustrante sensación de que en esta vida para que haya «listos», tiene que haber «tontos», pelotón este último en el que injustamente (a estas alturas de la película ya hemos comprobado que el mundo de justo tiene poco) suelen ir los de «yo pongo el alma en».

Grabado del alma llevada al cielo por ángeles. Autor: Félix Vallés.

Grabado del alma llevada al cielo por ángeles. Autor: Félix Vallés.

Si poner el alma es vivir intensamente, cuidadín, que no están los tiempos para exponer mucho el espíritu. Quizá no se trate de no poner el alma, sino de llevar la lupa para mirar bien dónde la aplicamos para no salir escaldados.

No me digan que no han sentido millones de veces ganas de arrancársela, el alma. Ir por la senda sin alma, que no convertirnos en «desalmados», en su acepción de cruel. Un mundo aséptico donde las leches no duelan, carcoman y encima te dejen cara y sensación de idiota.

Los happy 2.0

Sé que estas reflexiones no van en la línea happy que tanto se estila hoy en las redes sociales. Uno lee los estados de sus cientos de amigos en facebook y talmente se siente un cenizo, ante tal exhibición colectiva de positivisto, buen rollo y fe en el ser humano y sus posibilidades. No digo que demos rienda suelta a nuestro pesimismo, miedos y negrura en la red, pero cachis… que (imagino) todos sentimos a veces que todos esos happy 2.0 no viven en nuestro mundo… o su nivel de exigencia es muy bajo.

¿Será que ellos no ponen el alma en sus frentes activos y por eso la tienen lustrosa y hermosa, de color rosa e irradiando energía positiva? ¿O que han puesto el alma con fortuna?

Mostrarse, real, humano (leáse querer arrancarse el alma) está claro que no vende en el marketing social.

Adding a warning list

De todo habrá. Pero el consejo de «poner el alma en lo que haces» se merece una revisión. Al menos, agregarle una lista de warnings. Porque luego vienen el paro, la traición, los enchufes, las cabronadas… la frustración… y no molan nada. Cuánta gente de bien e hiperválidos se arrancarían hoy en este país el alma a mordiscos.

¿Se puede «hacer las cosas bien» sin poner el alma en la labor? Al menos intentarlo se antoja bastante saludable. ¿Quién se apunta a entrenar en esta terapia?

Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.