Un día no muy lejano, una rancia a la par que descreída en cuanto al panorama musical actual se refiere se descubrió tocada por una vocecilla que cantaba profundidades juveniles, historias musicadas, que es lo que hacen los cantautores;  le hizo diana. Tanta que se enganchó a la intérprete y la invitó a su coche, en cuyo aparato musical el CD pirata (que suena a rayos y repite y le faltan canciones) comprado a un inmigrante africano tiene un lugar privilegiado.

A partir de ahí Paula Rojo y yo viajamos juntas al trabajo y otros lares rutinarios casi siempre. Sorprende como esta mocina de Oviedo (1990) criada en Mieres puede tocar las teclas del existencialismo, la nostalgia y otras revelaciones vitales de la generación anterior. Ante otros cantantes juveniles un madurito siente pasividad; si acaso se deja inundar por su ritmo, pero lo de esta chavala penetra.

Portada de «Érase un sueño».

Portada de «Érase un sueño».

Paula Rojo  canta a la amistad; te traslada a las fiestas universitarias allende tu casa, a los veraneos infantiles cuando eras niña; a los amores que, vívidos, se van; al sufrimiento o el flechazo por aquel chico; a las ansias de volar y comerse el mundo de la juventud…. Paula Rojo nos enternece,  nos rejuvenece y capta el interés de quienes le doblan la edad (que no es fácil), a la par que nos saca el orgullo de padres. Una se imagina que los suyos, los de Paula Fernández Vázquez, deben de estarlo. Porque la chica no ha llegado al firmamento musical porque hubiese pegado un pelotazo con una voluptuosa belleza y gracia ligera.  Su cabecita me la imagino bien amueblada.

El camino de Paula Férnandez

La proyección de Rojo se forja desde guaja, con el estudio profesional de la música y continúa peleando recientemente en escenarios de certámenes televisivos, emprendiendo grupos y participando desde cría en coros y otros proyectos personales y profesionales vinculados siempre a la música.

Una chica del montón, natural y fresca (eso es de lo que más me gusta de su historia), no una rubia repe de esas impersonales –esas supuestas tías buenas que das una patada y salen mil cogiendo el micro– que con canciones insustanciales (sin historia detrás de las notas) se comen el mercado internacional.

Oyendo sus canciones una se imagina su corta (por cuanto que joven es) vida por dentro y por fuera. Capta esa mirada profunda y soñadora que, desde bien ñajas, tienen las personas hondas y esa capacidad que es don para transformarla (la mirada) en historias que a otros sacudan.

Aquí lo dejo. Mi pequeño tributo a esta neña, nueva generación de lo que yo y muchos valoramos y buscamos en la música, que no solo nos mueva por fuera… sino por dentro y nos provoque la lagrimina y la sonrisa. Mucha suerte, chica pop, chica country, en el camino. Sigue dando la guerra.

Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.