Terapia de letras

Oda estival a los pueblos leoneses (por una asturiana)

La luz. El calor. El chapoteo. La sandalia y el tirante. El sol asegurado. El verano que cumple su palabra. Los pueblos leoneses son todo eso y más para los asturianos de ayer y hoy. El abuelo cruzaba el Pajares cargao hasta las cejas con la tortilla, la pota, la muyer y  los guajes, trastos varios y una cajina de sidra (el críu igual se-y olvidaba, pero el líquido elemento…vaya, oh). Hoy viajan los nietos exactamente igual. La estampa apenas ha variado… Y, si me apuran, si lo ha hecho, pues ha sido más hacia probe. Ya saben, la recesión que llueve y no para.

Porque ahora a la tercera generación igual-y correspondía ir por el Huerna, pero quita, quita, no está la cosa para dispendios. Ta muy guapo Pajares. Sube y baja. La nevera portátil, convenientemente nutrida, porta el condumio de la familia en el maletero. No están los tiempos pa munchu restaurant.  El güelu manejaba; yera jubilau de Hunosa. El nietu ye uno de los millones de paraos que aguarden los brotes verdes… Ya lo ven, la historia se repite pero a lomos de vaca flaca.

Estampa leonesa

Estampa leonesa.

A aquellos pueblos austeros llegaben fresques en los 60 les perres de la minería y el metal, de la Asturias industrial y mineral. A hora les visitan, en relevo,  las escaseces de los desempleados. Ya no somos un turista chollo, qué le vamos a hacer. Eso de recalar con el pantalón abultau acabose. Ahora el asturianu va a León mirando por la pela. Porque no la tien.

Antes compraba una casina en un pueblu por dos pesetes. Ahora tien que ir de camping u hostalín (una noche y a funcionar).

Una pone la antena en la piscina  X del pueblo Y de León y los reencuentros de veraneantes del Principao se suceden. «Home, oh, qué tal te va». «Bueno, ahí vamos, pillome el últimu ERE. Toi en casa desde marzo».

… Ye lo que toca.

Pero, como antes, al asturiano metido en danzas leonesas, bañado por el sol que su tierra le niega, se transforma. Se quita la boina del cielo y se esponja. Families enteres como en los mejores tiempos del éxodo estival hacia la provincia vecina. La abuela reparte el guisu en la mesa de la piscina a fíos y nietos, que dan cuentan del platu como si fuera enero (¿quién dijo que el sol quita la gana de comer?). El tono de voz, decibelios de tres cifras. El soniquete haz pensar que son de Mieres o de la otra Cuenca, de Langreo. Bajan unos cuantos santos y engrasen el palabreru.

En fin, que ye la Asturias allegá a León de toda la vida la que pinta el fenómenos sociológico vivo en aquelles piscines y aquelles terraces.

Al calorín, al solín a tiru de piedra van los asturianos pallá de Santa Lucía.

La estampa tiene mucho de picaresca, mucho de tradición, mucho de búsqueda.

Buena gente, estos asturianos que gusten de secar en aquellos pueblos y hacer patria estival. Buena gente aquellos que los acogen con sol, vino cosechero y tierna cecina.

¿Hormigueru? Bueno, no se crean. No hay más humanidad en aquelles piscines que en San Lorenzo beach. Por ahí se anda la cosa.

¿Cuál no ye la familia asturiana que tien un pasau de escarceos veraniegos allende el puertu Payares? Cuántos abuelos compraron allí aquella casina a la que iben uno o dos meses en julio y agosto. Al mío, excursionista leonés de autobús, fartures y peña, le hubiera encantado, pero no se le logró.

Excepción de la regla ye mi padre y otros cuantos. Asturianos de esos que dicen que «ta muy guapo y muy fresquín» cuando el cielo regala nubes y hasta unes gotines en verano. Que bajo el sol, en vez de secar, se secan. De todo hay en la viña del señor.

Menda Lerenda, hija de uno y nieta de otro, híbrida de ambos, se vende a León cada vez con más alegría y frecuencia cuando el verano se olvida del Cantábrico. Aquello ye auténtico.

La escuela de Asturias El Bibio diseña y aplica con éxito una innovadora metodología que propone llevar la ópera al currículo de Educación Infantil

  • 70 alumnos de 3 a 6 años participan con éxito en la iniciativa Ópera prima del centro educativo El Bibio, modelo en el aprendizaje creativo a partir del arte y ahora también de la música
  • Los excelentes resultados del proyecto contribuyen a desmitificar la ópera como territorio cultural de adultos y certifican su gran valor como instrumento para trabajar otras disciplinas, capacidades y valores de la etapa educativa de Infantil

NOTA DE PRENSA/ Gijón, 13 de junio de 2013.- ¿Quién dijo que la ópera es patrimonio de señores distinguidos que peinan canas y visten elegante? En la Escuela Laboral Infantil El Bibio de Gijón bien saben que no es así, que un niño de 3 años entiende, conoce y disfruta en plenitud de la ópera “incluso más” que un adulto. El éxito pedagógico del innovador proyecto educativo desarrollado este curso escolar por el centro con los alumnos de Infantil (3 a 6 años) en torno a este género musical no deja lugar a dudas. Ópera prima de El Bibio es un proyecto pionero en el ámbito nacional en la apuesta por ópera como instrumento para abordar y desarrollar, de la primera a la última, todas las capacidades y destrezas curriculares de esta etapa temprana.

Turandot interpretando en El Bibio

Turandot interpretando en El Bibio.

El 200 aniversario del nacimiento de Giuseppe Verdi y Richard Wagner inspiró a esta escuela de metodología constructivista y amplia experiencia en la educación desde y con el arte en edades tempranas a emprender, con la colaboración de la Escuela de Música de Viesques de Gijón, el que ha sido su primer proyecto de trabajo en torno a la música.

La pintura, las artes plásticas en general, son viejos conocidos de los alumnos de El Bibio, acostumbrados a aprender creando, experimentando y descubriendo entre las carnavaladas y mascaradas de Roberto Díaz de Orosia, la sofisticación de Gustav Klimt o las vanguardias del Museo de Arte Moderno de El Bibio (proyecto MAMBI).

Un cambio. El centro apostó por un lenguaje artístico nuevo y, asesorado por la Escuela de Música de Viesques, eligió la ópera. Y así, sustituyeron los pinceles, las pinturas y los lienzos por arias, coros y teatro.

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La música: el lenguaje que les une y les diferencia

Fin de Curso  2012-2013. Escuela de Música de Viesques.

Fin de Curso Escuela de. Música de Viesques 2012-2013. Gijón.

 

Fin de curso en la Escuela de Música de Viesques (Gijón). Emoción. Sonrisas. Orgullo. Lagriminas. Compases tímidos y cohibidos en el arranque, sueltos y arropados por un público palmero al final. Música de unos chavales que empiezan y/o avanzan con nueva seguridad y un punto de coquetería y desparpajo vacilón. Guitarras, violines, bajos, voces… Hasta casi 100. Formados en la misma escuela a la que se va después del cole, con gusto pero con sacrificio, que son horas que luego hay que poner encima al estudio entrada la noche pronto en invierno.

Los padres hoy como tontos. A flor de piel. No ya por ver al crío concertista (qué típico; somos carne fácil; nos los suben a un escenario y babeamos todos y todas), sino porque la vida corrió más en esas dos horas que en el último año. Dos, tres horas, obligados a parar nuestra vorágine para no menearnos del sillón mirando hacia ellos 120 minutos. ¿Cúando les prestamos tanta atención exclusiva? Se lo merecen.

Han trabajado mucho. Y porque nosotros queremos. No lo olvidemos.

Bendita música. Edificante aprendizaje. Aunque no esté en boga curricular como el inglés o el chino. Este idioma forma el alma, alimenta la sensibilidad y engrasa los sentidos. Un lenguaje más que los niños conocen, que los une y diferencia del estudiante estándar, ése al que las disciplinas artísticas se le niegan.

Las maletas del lector

A los que en vez de hacer turismo nos gusta viajar, también ejercemos de viajeros cuando recorremos una novela. Por eso al final del viaje literario, si fue bueno, pues nos quedamos con la pena de “qué poco dura lo bueno”. Pero eso sí, la experiencia, el nutriente cultural, sensorial y el ensanchamiento de la perspectiva con la que vamos por la vida, pues ya no nos los quita ni San Pito Pato.

Novelas

Mix de novelas.

Salvo que uno lea solo novelas localizadas en su ciudad (¿hay algún friki así?), apuntar hacia una nueva presa de ficción siempre es emprender un viaje geográfico allende nuestros dominios físicos. Vale que puedes escoger la obra en función de su localización, buscando descubrir nuevas tierras que igual no has pisado aún. Pero, pienso, la gracia está en obviar ese criterio (el del lugar donde la historia novelada transcurre) en la elección de la lectura y viajar aquí o allá en el mapamundi sin buscarlo y al albor del autor y su capricho. Y el de sus personajes.

Si pienso en mis autores fetiche, pues creo que la ciudad a la que más  he viajado es Barcelona. Allí me han llevado tantas veces y con tanto gozo Eduardo Mendoza, Manuel Vázquez Montalbán, Rosa Regás… y más recientemente, en los últimos años, Carlos Ruiz Zafón e Ildefonso Falcones.Luego está mi querida Castilla, tan distinta a mi tierra de arraigo y mis preferencias ambientales, pero tan a fuego grabada en mí y en mi juventud. Por supuesto, por sus pueblos y polvorientos caminos he pululado con mi Miguel Delibes; con Julio Llamazares por esas aldeas fantasma leonesas.

Sin salir de nuestra piel de toro, pues, así a bote pronto, recuerdo haber viajado a  lomos de la novela a las montañas castellonenses con la legendaria maqui La Pastora (Dónde nadie te encuentre) de Alicia Giménez Bartlett o a la Mallorca de nazis ocultos viviendo entre mieles que Clara Sánchez retrató en Lo que esconde tu nombre.

Fronteras afuera recientemente deshice  maletas lectoras en California, durante la Misión olvido de María Dueñas. Con su El tiempo entre costuras y su espía protagonista nos fuimos a Tánger, lo recuerdo. Y a Beirut con Maruja Torres femme fatal y Fácil de matar. Cruzar el charco para encontrarse con Gabriel García Márquez, Florentino Ariza, Fermina Diza y su río (Magdalena) de pandemia en El amor en tiempos del cólera fue algo que hice hace muchos años y de ese viaje siempre me acordaré.

De la tierra al papel

Otras veces el recorrido es inverso. En primer lugar acontece el viaje físico y luego al que  la novela nos conduce. Es decir, que primero nos movemos por el mundo y luego queremos saber de ese lugar a través de la literatura, sea o no de ficción. Cuántas veces hemos comprado en un museo de esos casi mitológicos por tan anhelados aquella mala traducción a modo de biografía de X autor y sus obras. Recuerdo haber adquirido en Praga un libro sobre Kafka, en Berlín una mala narración sobre la caída del muro; la historia del bombardeo de Guernika después de visitar el Museo de la Paz.  Una novela sobre Florencia de vacaciones en la ciudad del arte.

Será por viajes de papel. Van unos cuantos y los que quiero pensar que me queden.

Tengo ahora mis miras físicas de viajera en el Sur de Portugal. ¿Alguien me recomienda un autor, una buena novela que se haya escrito con escenarios en Tavira, Alvor, Ferragudo y otros enclaves imán del Algarve?

 

 

El brillo del jefe

En tiempos sísmicos brillan los malos gestores, censores, rebozos sin calamar y perros fieles al amo cacique. Por suerte, también hay la otra cara de la moneda: relucen entre las ruinas de hoy los jefes íntegros, válidos, los que cablean, apechugan y dan la cara, esa raza que rezuma autoridad de la innata y conquista sin sonrisa sibilina.

Ángeles de las virtudes

Ángeles de las virtudes.

Estoy pensando en una capitana (o capitán) de nave del segundo grupo. Profesional íntegra, ética, fuerte, dispuesta, currelas como la que más, demasiado entregada para lo que sus gestores merecen, alma de la empresa y el producto. Que sabe hacer equipo, aunque una y otra vez se lo desmantelen quienes deciden sobre los dineros y asumen la precarización de los jóvenes licenciados como mal necesario para mantener poltronas. Acostumbrada a remar, esta responsable, más veces en charcas que en mares.

No se los merendó la crisis. Como ella, las hay y los hay.  Los hay buenos, muy buenos responsables de equipo. Lo que pasa es que no hacen ruido, no se ponen medallas. Estos capitanes, como el del Titanic, no abandonan la nave cuando se está hundiendo. Reman hasta el final. Y qué potencia en la palada.

Quiero tener uno de esos buenos jefes en mente cuando curro. Aunque no sea el mío, da igual. Mientras haya alguno de esos capitaneando naves en cualquier pateado sector, habrá una pizca de esperanza.