Salen de las encerronas numéricas con el comodín «no sé, soy de Letras». Se escaquean de hacer los deberes de cálculo con el crecido churrumbel y, a sus taitantas primaveras, siguen usando los dedos para sumar. Si les pusieran a hacer Rubio, echarían espuma por la boca. En la empresa se respingan cuando toca pensar en clave numérica. Vamos, que se les reconoce fácilmente por los andares.

Son las orgullosas personas de Letras, aquellas que tiraron por la rama «con pocas salidas» frente a las reputadas Ciencias. Pobres Letras, cuesta abajo en la la fama socio-laboral; que tanto visten pero que tanto las desvisten (los que mandan, sobremanera).

Letrado números bueno
Estos letrados de torpe número provocan ternura y generan atracción e interés en este mundo competitivo y de ralas oportunidades que los ha relegado a Segunda División en la Educación reglada y lo que viene después.

No se entienden con los números. No les gustan, porque no les gustaron… y no les gustarán. Es que… compréndanlo, los números nunca se han portado bien con ellos.

Negados, de la teta al bastón

Primero fue en el cole. Qué penitencia, qué puñeteros aquellos problemas de doble pirueta y triple salto mortal. Lo que estos infra-dotados para las Matemáticas y afines tuvieron que sudar la camiseta para no pasar del Bien….  Cachis.  Y venga a mandar deberes de cuentas, pero qué manía, que así sigue hoy la cosa. Da fe de la actualidad de esta aseveración una mamá (de Letras) que lo sufre.

Venga años de la tierna infancia haciendo cuentas a dolor… y las redacciones, análisis de texto y demás tareas de otra acera, en tiempo dedicado en la Escuela, no les llegan a las numéricas ni al tacón. Que no digo que las Matemáticas no sean importantes para la vida exterior e interior, pero, leñe…. que se puede ser muy culto y muy listo sin llegar a saber la hora de llegada a Sevilla de aquel tren que salía de Gijón.

Finalizaron la escuela, la Universidad (carrera de Letras, «of course», pero sin  pasarse en el abecedario, que «a dónde vas estudiando Latín o Filosofía», ¡pardiez! «¿Qué tal un Derecho; no me seas tan torcido, Pablín» )…

Y llegó el tiempo de ganarse las lentejas, en lo suyo (los que tuvieron suerte). Y por mucho que se apartasen de los números, siempre había un porcentaje, en un algoritmo que mandaba, en fin… Que salen, salen, estos cabritos. Ahí están, al acecho y no hay quien se libre de ellos.

Al natural desinterés por esta parte del saber, se unió la falta de entrenamiento y, claro, pues ahora, maduritos,  sí que esos hombres y mujeres de Letras no dan pie con bola cuando se trata de activar esa capacidad. ¡Si es que la tienen atrofiada!

Tampoco los números se han portado bien puertas adentro con ellos. En casa. A este perfil le salen mal las cuentas. Gente poco avispada, en general, para los negocios; poco dada a trepar por las enredaderas del éxito, entretenidos, como están en sus cosas (sus aficiones varias y bien nutridas).

Y les queda la vejez. Miedo dan. Algún descendiente ingeniero les echará un cable numérico desde la otra orilla. Eso con suerte, porque ya saben lo de la casta y el galgo: teta de letras, churrumbel letrado.

Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.