Pululan por las redes sociales los beneficios de moverte en bicicleta, medio de locomoción y práctica deportiva tan en boga. Si no le das al cycling o al running no eres nadie, amig@; no molas un pimiento del piquillo. Que si en la bici vuelas, que si estimulas la circulación, ¡no contaminas!… La caña de España tirar de dos ruedas sin motor. Asfalto o montaña, el viejo medio arrasa en popularidad. No así su prima motorizada, que ya es otro cantar. Desplazándote en moto, ni haces tipín, ni movilizas tu sangre, ni cuidas el medio ambiente y encima tienes más probabilidades de irte al otro barrio al mínimo percance. Humm… práctica poco aconsejable y difícilmente defendible la de andar en moto…. Voy a enrollarle unas letras a ese gusano. TERAPIA.

MotoComo medio de locomoción, la moto ofrece beneficios innegables. El principal y que tiñe de envidia al vecino automovilista es la facilidad para deslizarse entre el tráfico urbano y aparcar casi en cualquier sitio. Los tiempos de espera se acortan cuando optamos por las dos ruedas y el ánimo del conductor lo agradece. En una hora de recados por la ciudad, el motorista hace ocho veces más que el automovilista, desesperado este último por encontrar un hueco donde estacionar el coche después de padecer los correspondientes embotellamiento o caravana. Luego, ahí lo tienen: la moto es buena para la salud mental del ciudadano urbano.

Gasta menos y paga menos, añado y resumo otra ventaja del medio de locomoción.

Sentimiento motero

MotoEn su vertiente capricho, afición o mascota, los efectos favorables de tener (y usar) moto se multiplican. No se siente lo mismo hacia ella que hacia el coche. Compárala con tu caballo: por ahí van los tiros.

Libertad. Falsa ilusión durante el tiempo de trayecto, que aireamos la cabeza (y, por tanto, los problemas) y aflojamos ataduras. Bien saben de qué me hablo los motoristas.

«Me gusta conducir», decía el slogan de venta de aquel coche que hizo historia. El placer de conducir a horcajadas, a lomos de la máquina, y no sentado como una marquesa. Los sentidos en alerta; más, sí, aún que dentro de un coche.

Porque en la moto estás FUERA. Ay, amig@, te juegas el tipo desde el minuto cero. Desprotegid@ y vulnerable, en contacto directo con el camino que haces y el aire que respiras. Consciencia del peligro y goce-plenitud conductora:  las dos caras de una misma moneda.

Honda Rebel 250

Honda Rebel 250

Las estaciones son más intensas y como tales se sienten desde una moto, para bien y para mal. Maravilla  en verano, crudeza en invierno. Aunque hay quien disfruta más pasando frío que atravesando el calor…. Sobre gustos…

La moto es más humana que el coche. Por eso hablaba de su «vertiente mascota».  Se la acaba queriendo como al caballo. Como el perro, se parece a su dueño. Dale a un macarra una chopper, a un sixty una Vespa, a un motero lanzado una deportiva potente.

Hay muchas tribus y clases de moteros.

El motero crece

TERAPIA piensa en aquellos para quienes la moto forma parte de su vida, de su logística querida como una pieza más. Una pieza importante, que cuando falta, un@ busca el momento oportuno para reponerla. Porque la moto crece con el piloto. La Vespino de los 14, la Honda NSR de los 16, la Vespa de los 18, la Yamaha 250 Special de los veintitantos. La Honda Rebel de los treinta y tantos y subiendo (alguien dijo un día que es una moto de pureta y la destinataria se picó… para luego concluir que así es, eso es: una pureta).

Con las obligaciones que la vida impone, pues poco tiempo y lugar quedan para la moto. Un pequeño lujo, pero por suerte, asequible. No estoy de acuerdo con que es para ricos. Sale más cara la nieve. En el mercado de segunda mano hay oportunidades muy interesantes para el motero de bolsillo afuracado y esencia responsable.

 

 

 

 

 

 

Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.