Las mechas californianas las inventó una superwoman-a-su-pesar  antes de que se pidiesen en las peluquerías. Una mujer madre, trabajadora, choferesa, recadera, estudiante y aficionada a las aficiones en su tiempo libre, con una raíz morena espléndida natrural en su cabellera con betas rubias artificiales.

Antes que la chavalina se las pidiese a Yovana en el Centro de Imagen y Estética, su mamá ya las había lucido en múltiples ocasiones. Y sin gastar ni un euro ni un minuto en la pelu. Aunque … lo de «ni un minuto»: según se mire, que a la superwoman de este micropost aquella facha (hoy se dice «moda») le costaba cuatro hermosos meses de no pisar el establecimiento que otras féminas visitan semana sí-semana también caiga quien y lo que caiga.

Mechas californianas.

Hasta que un día la buena mujer decidió que estaba hasta sus pelos bicolores de ir de californiana ¡y de llevar mechas! Se entregó a los baños de color que venden en los súper y a la peluquería-en-casa y hasta experimentó una transitoria, pero falsa por cuanto que incompleta,  sensación de libertad. Una batalla que había ganado a las esclavitudes que la estética impone a las mujeres en esta parte del mundo.

En el siguiente capítulo…. ¿se dejará melena en las piernas?

Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.