Ayer sentí de cerca la grandeza de los Premios Príncipe (sí, yo mantengo el nombre antiguo, soy así de torcida) de Asturias. No debiera de ser difícil, por otra parte, ya que tenemos el espíritu en casa. Además, Leonardo Padura, nuestro galardonado 2015 en las Letras, lo tenía fácil: literatura y, encima, novela negra: chupado ganarse a la terapeuta. Jugaba en mi casa.

Irrumpía a las 19.30 en el Palacio de Congresos Calatrava de Oviedo en su encuentro con representantes de 110 clubes de lectores de España y otros sin-club, entre los que Lerenda se encontraba, emocionado hasta las lágrimas por el cariñoso recibimiento – «esto es demoledor para un escritor y me llena de orgullo», arrancó- y se despidía casi dos horas después pose y bate de beisbol en mano -una de sus famosas aficiones como buen cubano-. Un tipo cercano, humano, elegante, profesional y culto que nos demostró a los asturianos que este premio está bien dado.  «Una de las cosas que nos puede alegrar la vida es la literatura», dijo para marcharse el escritor. A quienes desde siempre y por siempre nos salvan las letras ya lo sabíamos, pero escuchada de su boca se actualiza la certeza.

ayer en Oviedo. A vista de móvil, gradas allende.

Leonardo Padura y Felipe Hernández, ayer en Oviedo. A vista de móvil, gradas allende.

Quienes hicimos de mínimis los deberes antes de asistir a la entrevista a la que en el escenario de una coartada perfecta le sometió el guionista y director editorial Felipe Hernández Cava conocíamos cuatro datos clave sobre el autor y su obra que en el encuentro se fueron llenando de contenido. El escritor se fue humanizando conforme fuimos supiendo que hace dos años que perdió a Chorizo y a Natalia (antes, La Rata), sus perros; que le separan dos años de vida y una «distancia etílica» de su personaje Mario Conde y que comete el «delito» de no saber bailar siendo cubano.

Ante más de 1.500 lectores, la mayoría mujeres -«la sal de la literatura», nos llamó- no le quedó más remedio que presentarnos a su Mario Conde, con quien comparte su afición por los libros, un «policía intelectual», que «expresa las frustraciones y esperanzas de los cubanos de mi generación». Una criatura con quien se confesó «contento», porque ha podido comprobar la «humanidad» que transmite el personaje, a juzgar por su acogida entre el público de sus novelas. Conde nació en Pasado Perfecto como «un personaje utilitario», para transmitir lo que al autor le interesaba de la realidad cubana y acabó convirtiéndose en serial. En total, seis novelas como policía, primero, y, luego, como vendedor de libros, una vez abandonado el Cuerpo.

Mario Conde «sigue y vuelve», adelantó ayer. De hecho, le acompañará y ayudará en el discurso de la entrega del premio, el próximo viernes 23 de octubre en Oviedo, avanzó.

Personajes «al margen de la vida»

El investigador de la Policía cubana forma parte de su mapa de personajes «al margen de la sociedad», que no marginales, aclaró. Personajes «excluidos, que se quedan en los márgenes de la vida», incidió el galardonado.

Lazo usado en un crimen de la gynkdan literaria del pasado sábado en Cimadevilla, Gijón. Escena en Fuerte Viejo.

Lazo usado en un crimen de la gynkana literaria «Cuba en Gijón» del pasado sábado en Cimadevilla, Gijón. Escena en Fuerte Viejo.

Investigar. Ese tiempo de la novela le complace a veces más, incluso, que la propia escritura, se sinceró Padura, en posesión de una «gran curiosidad» que le hace vivir «siempre en la búsqueda de los orígenes». Su concentración y entrega a su trabajo es tal que «cuando termino una novela, aunque siento la urgencia de acabarla, siento un gran vacío. Es como si al finalizar el libro, me muriese», contó.

Periodismo y literatura. Literatura y periodismo. La eterna diatriba y/o simbiosis saltó a la coartada perfecta. El oficio de la prensa le  sirvió de medio de vida en sus inicios, en el periódico Juventud rebelde y, después, en una revista cultural, que acabó abandonando también para centrarse en la literatura. «Si otros lo han conseguido, por qué no voy a poder yo», se dijo un día  a sí mismo para intentar escribir libros. Una frase sencilla y lógica que reivindico para su aplicación universal en cualquier empresa que nos propongamos. Claro que sí.

Obra de Padura en una librería de Gijón.

Obra de Padura en una librería de Gijón.

Como primero el periodismo, la novela negra le ha proporcionado una «estructura dramática muy eficiente para comunicarse con sus lectores». Un género considerado «burgués y reaccionario» por la Cuba castrista en la que se inició como novelista. De hecho, la primera de la saga nació en una pequeña editorial mexicana, no en su país.

De música, de religión, de Hemingway, de Trotsky y, por supuesto, de beisbol, un deporte que es «parte de la espiritualidad cubana» y que «recibes por vía genética». Los temas de la entrevista eran previsibles si se conoce un poco a Leonardo Padura.

Fiel y obediente a la herencia de sus raíces. Una imagen gráfica de esa espiritualidad cubana de la que es heredero la encontramos en su alumbramiento. «Encima de mi cuna tenía a la Virgen del Cobre, debajo un perro y dentro de la cuna mi padre puso una pelota de beisbol».

La política a un lado, amable

El premiado 2015 fue contestando a todas las preguntas de los lectores de los clubes a las que Felipe Hernández puso voz.

Preguntas todas blancas. Si en alguna asomó la política y otras mechas al hablar de Cuba, el autor las sorteó de puntillas, como a quien no le interesa un tema y así lo admite. Con respeto pero sin pasión. Frente a los cubanos exiliados que acostumbramos a recibir en España, emerge un autor integrado en la élite intelectual cubana, que no ha llegado a ser incómodo para el régimen.

En entrevistas concedidas con anterioridad a medios escritos defiende que se ha quedado en Cuba «para escribir»; no le ha tentado el exilio que otros de sus amigos escritores emprendieron y a algunos de los cuales llegó, según él,  a interrumpir su flujo creativo. Tengamos en cuenta que el novelista del género negro, que sigue viviendo en la misma casa en que nació, entra y sale con libertad de su país. No es un pobre diablo cubano. Parece un hombre íntegro. Simplemente ha podido capear el régimen dictatorial cubano desde una posición acomodada en comparación con un amplio sector de aquella sociedad.

En mi cabecera tengo Pasado perfecto. Ya os contaré…

 

 

 

Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.