Twitteaba yo pizpireta sobre mi reencuentro con Julio Llamazares y respondía un compañero de Facultad -hoy profesor universitario en letras, luego prescriptor- desde el desengaño adelantándome que ese pozo antaño rebosante de lluvia amarilla “se había secado”. No quise hacerle caso, pero según avanzaba (avanzo, que aún ese reducto de celulosa en peligro de extinción me mira mosca desde la mesita por lo poco que lo toco, celoso de tanta pantallita ) por las páginas de la vuelta a la novela del escritor leonés, me alineaba cada vez más con aquella frustración.

¿Será posible? ¿Llamazares ya no es el que era? Maestro para aquellos  plumillas iniciados que tiraban de la máquina de escribir caminando hacia arriba en la salmantina calle Compañía en dirección a aquellas ruidosas clases de Redacción (qué nostalgia de aquel estruendo que producía el aporreo colectivo de teclas que hoy suena a Paleolítico Inferior). Recuerdo aquella charla suya en un colegio mayor; oírle era leerle. La literatura de reloj perezoso, aquella parsimonia autorizada, poesía en la prosa. El libro bajo el brazo corriendo al autógrafo de aquel autor a cuyo encuentro íbamos cuatro gatos, autor a lo Víctor Jara.

Julio Llamazares

Entrevista a Julio Llamazares en el número 187 de la revista Qué Leer.

Dicen de los buenos cantantes que en sus discos segundos, terceros y cuartos “ya no son lo que eran”. A mí me ha pasado con muchos:  ese desencanto (véase Joaquín Sabina).  Lo mismo sucede con las partes II, III y hasta IV de las películas. El molde se hizo, se rompió y lo demás se quedó en sucedáneo.

¿Pasa esto con “Las lágrimas de San Lorenzo” 25 años después del éxito de “La lluvia amarilla”? El estilo recuerda; es innegable que es el viejo Llamazares, pero la historia sin historia propia de su prosa se queda. La laxitud nostalgicona pero terapéutica es más bien hoy un fluir sin mucha chicha.

Y mira que me duelen estas palabras decepcionadas porque lo he buscado. He buscado a mi autor entre las páginas de la prensa y las revistas de literatura. He leído entrevistas, he corrido hacia aquel ‘señor’ que me sacudió por dentro con evidencias ¡casi 20 años! Y en sus respuestas de humano lo encuentro. Sí, es él, habla como antes. Y escribe como antes por fuera, mano diestra juntando letras, cadencias  … Pero esta vez falta algo, falta algo.

Aún así paso las hojas de este libro que no siento pleno, que no me colma. Porque es de mi Llamazares. Una lee por autores, los hace suyos y los devora unas veces y los mastica otras. Ahora toca masticar. No importa, no está la carne tan dura y alimentar, alimenta.

(Entrevista en el número 187 de la revista Qué Leer: la recomiendo).

Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.