«Hija, yo ya no estoy para este mundo». Para un mundo que se desmorona en esta piel de toro de Occidente.

Para un mundo en el que la seriedad se ha quedado sin su sentido interno, reducida a un gesto adusto en la cara.

Para un mundo en el que si «el trabajo dignifica», no hay hombres dignos, porque no hay trabajo. Y el que hay no merece el noble adjetivo.

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Para un mundo en el que las decisiones felices se posponen porque faltan los medios para adoptarlas.

Para un mundo en el que los niños aprenden realidades que no quisiéramos que conocieran.

Para un mundo en el que las soluciones son mirar para otro lado y la estrategia es «tira palante a ver si libras».

Para un mundo que nos revela que los valores que creíamos perennes resulta que son caducos.

Para un mundo donde el futuro de progreso queda al otro lado de la frontera, adonde escapan buenos, valientes, supervivientes, ambiciosos y savia nueva.

Para un mundo de líderes cojos y cojo de líderes.

Para un mundo donde las herramientas de siempre ya no sirven; por desgracia, solo se salva la tijera, de rabiosa actualidad.

Para un mundo de mansos y resignados.

Para un mundo donde la masa crece y las personas menguan.

Para un mundo donde la creatividad de serie se mata en una escuela que fabrica series.

 «Mamá, yo tampoco estoy para este mundo».

[La elegía tiene su punto de terapia]

Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.