En tiempos sísmicos brillan los malos gestores, censores, rebozos sin calamar y perros fieles al amo cacique. Por suerte, también hay la otra cara de la moneda: relucen entre las ruinas de hoy los jefes íntegros, válidos, los que cablean, apechugan y dan la cara, esa raza que rezuma autoridad de la innata y conquista sin sonrisa sibilina.

Ángeles de las virtudes

Ángeles de las virtudes.

Estoy pensando en una capitana (o capitán) de nave del segundo grupo. Profesional íntegra, ética, fuerte, dispuesta, currelas como la que más, demasiado entregada para lo que sus gestores merecen, alma de la empresa y el producto. Que sabe hacer equipo, aunque una y otra vez se lo desmantelen quienes deciden sobre los dineros y asumen la precarización de los jóvenes licenciados como mal necesario para mantener poltronas. Acostumbrada a remar, esta responsable, más veces en charcas que en mares.

No se los merendó la crisis. Como ella, las hay y los hay.  Los hay buenos, muy buenos responsables de equipo. Lo que pasa es que no hacen ruido, no se ponen medallas. Estos capitanes, como el del Titanic, no abandonan la nave cuando se está hundiendo. Reman hasta el final. Y qué potencia en la palada.

Quiero tener uno de esos buenos jefes en mente cuando curro. Aunque no sea el mío, da igual. Mientras haya alguno de esos capitaneando naves en cualquier pateado sector, habrá una pizca de esperanza.

 

 

Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.