Sustituyo los «propósitos de Año Nuevo» por este mensaje y deseo de «ESPERANZA».

De las tres virtudes teologales me quedo con ésta, que viene que ni pintada para capear cuerpo adentro el clima general, la factura personal.

  • Pedir «fe» es mucho pedir.
  • La «caridad»,  fuera del contexto cristiano, es paliativo de consuelo, migajas y hasta lleva a «plato de segunda mesa» si banalizamos la expresión.
  • En cambio con la «esperanza»….. se esponja el espíritu. Solo con pronunciarla, parece que se abre el telón, aunque sea en nuestra trastienda.
Fotografía por FERNANDO CRUZ.

Fotografía por FERNANDO CRUZ.

Esperanza. Tener esperanza es presentir que, cuando las cosas van mal, mejorarán. Es imposible VIVIR (malvivir es otra cosa) sin esperanza. «La esperanza es lo último que se pierde», universaliza el dicho. Y así es. Hasta el más pesimista, aunque no lo reconozca, y también los desdichados, atesoran esperanza en algún rincón de sus entrañas.

Me gusta la esperanza porque ese traje a los vapuleados, escépticos y descreídos les va mejor que el optimismo. Y es tiempo para el escepticismo. Vestirse de optimismo cuando hay sol no es hazaña. Pero con viento y marea….da nota alta. Y en éstas estamos actualmente en este país, con maremotos. Arrecia. Al optimismo no invita mucho el panorama. Pero la esperanza…. la esperanza nunca hay que perderla.

Nos confirma la RAE, en su Diccionario de la Lengua Española, que uno se puede «alimentar de esperanza», que significa «esperar, con poco fundamento, que se conseguirá lo deseado o pretendido». Abastezcan, pues, los mercados con esperanza, porque son millones las personas, dentro y fuera de este minúsculo país, que necesitan comer esperanza. Todos los días un entrante de esta virtud en el menú. Porque aparte de necesario, es hermoso vivir con esperanza. Esperar a que las cosas cambien, viren hacia nuestra orilla. Y si es más pronto que tarde, por eso de que «el que espera desespera», pues tanto que mejor.

Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.