No me gusta que no contesten mis emails. Me parece una falta de educación, y a veces, hasta de respeto, inexcusable. No me vale que el receptor alegue falta de tiempo.  Ésta puede ser una atenuante (hummm) pero no exime-de. ¿Cuántos segundos de ese bien tan preciado necesitas para teclear «ok», «gracias» o «recibido»? No hablo ya de respuestas argumentadas.

Es inconcebible que le preguntes a alguien algo a la cara, que le transmitas un mensaje de viva voz y no se inmute. Pues en el correo electrónico, otro tanto de lo mismo.  No me dejes, a mí (emisor) tú (receptor) con la palabra en la boca al otro lado del dispositivo.

Incidencias.20

Es cuestión no ya de formas, sino de actitud. A quien no me contesta, si le conozco bien y para bien… probablemente le disculpe (aunque me decepcione o la intensidad de nuestra relación baje enteros). Pero si no tengo-el-gusto-de, ya se lleva una cruz, en el peor escenario,  y en cualquier otro, mis dudas hacia su disposición, interés… y persona. Porque la comunicación online, como la personal, busca el feedback. Es de ida y vuelta. Y esto vale para Perico de los Palotes y para el Presidente del Gobierno.

Las personas más sabias, más expertas y más cultas (en sentido amplio, más allá del límite intelectual) y, añado, las más majas, son también las más educadas. No te dejarán como un imbécil mirando la bandeja de entrada en busca de nuevo sobrecito.

Quien no te contesta te ningunea. No le interesa lo que le cuentes, no tiene tiempo para ti, se escaquea de lo que le pides… Paaaasa. Detrás hay, sin tapujos, cobardía y menosprecio. Como los hay detrás de «dar la callada por respuesta».

La retroalimentación en la comunicación online la manejan muy bien muchos prescriptores de las redes sociales, que saben hacer amigos. Marketing puro. ¿Qué tal si aprendemos de ellos educación digital, buenas prácticas?

Lo aquí expuesto aplíquese a otros canales y apps comunicativ@s de esta era digital.

* Publicidad excluida. Gandaya 2.0  ídem.

Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.