Nueva novelista al buche lector. Su nombre es Dolores Redondo y es autora de laTrilogía del Baztán.  Esta TERAPIA LITERARIA surge tras leer el primer título del trío, «El guardián invisible» (Destino, 2013), mi primer encuentro con la escritora donostiarra asentada en Navarra. Allí, en el valle nórdico de Baztán transcurre la historia negra de esta obra. Llegué a sus páginas proactivamente, y después de pasar por caja, atraída por la lectura de una entrevista a la autora publicada en la revista Qué Leer  hace unos meses ya.  Aquella ventana abierta a la escritora, entonces para mí desconocida, excitó mi curiosidad; tuve la intuición de que iba a gustarme lo que esos libros contaban. Recién catado el primero, la intuición se ha tornado constatación y, al gusto por lo que se cuenta, añado el de cómo se cuenta. Luego concluyo: flechazo con Dolores Redondo y su negra. Un jugoso descubrimiento.

Portada de «El guardián invisible».

Portada de «El guardián invisible».

Es más, al finalizar el libro volví a leer aquella entrevista rastreando las pistas que prendieron entonces en mí el interés por conocer esta obra.  Las volví a encontrar. Allí estaban. Intactas y aún más relucientes a posteriori.

Buceo por Internet y encuentro opiniones discordantes sobre esta trilogía y, en concreto, sobre el primer libro: desde quien le da un 1 a un 10. No me afectan. Para gustos lectores, hay colores. Más que colores, en este caso, tonalidades de negra.

Tonalidades de negra para gustos negros

Sucede que en cuanto un autor se sale del A-B-C del estándar del género,  le tildan enseguida de «flojo», por sintetizar algunas de las críticas recibidas por esta autora y su trilogía. Autora. He ahí buena parte de la razón de esas pegas: mujer tras la pluma y mujer en las páginas, porque la protagonista, la inspectora de la Policía Foral de Navarra Amaia Salazar, es una mujer. Y el resto de personajes que llevan el peso de la novela son también mujeres. Los hombres, lo asume la propia autora, «son casi figurantes» en esta obra.  La perspectiva, se mire por donde se mire, en esta novela es femenina. Eso no quiere decir que a un hombre, qué simpleza sería lo contrario, no pueda gustarle y calarle lo que Redondo ha escrito. Porque, obviedad, hay hombres y hombres, lo mismo que mujeres y mujeres. [Mejor quedémonos con que existen personas y personas].

En todo caso, gustos aparte, la mezla de ingredientes de novela negra, visión femenina, localización en un valle del norte y mix de elementos mágicos y mitológicos (la novela tiene un punto de fantasía), ha resultado un éxito para Dolores Redondo, que ha sabido atraer a numerosos lectores hacia su trilogía y a quienes hablan alto en el sector editorial y cinematográfico. Editorial, porque las novelas han sido traducidas a varios idiomas ya de partida, y cinematográfica, porque, como recoge la web de la escritora, «los derechos de adaptación cinematográfica de la Trilogía del Baztán han sido vendidos a NadCon (jointventure de Peter Nadermann, productor cinematográfico que estuvo involucrado en las adaptaciones de la trilogía Millennium, de StiegLarsson, y de las novelas de Henning Mankell, entre otras, y Constantin Film, productores de la película que obtuvo el Oscar a Mejor Película Extranjera en 2003 Nowhere in Africa)».

Amaia Salazar

Me gusta que a la madre literaria de Amaia Salazar le guste Amaia Salazar. Sin haber decidido aún si Amaia volverá a la vida más allá de estos tres títulos,  Redondo admite que ama a su protagonista.

A mí también me gusta, esa gigante (por lo de inspectora) con pies de barro (por su faceta humana). Pies de barro que surgen de una vida interna de tortura, marcada por una infancia durísima, cuando sufrió los malos tratos por su madre, quien no solo no la quería, sino que trató incluso de asesinarla brutalmente y no cejó en el empeño de seguir intentándolo. Una mujer, la inspectora, a quien se le resiste la experiencia de la maternidad, pero que una vez que lo logra (quedarse embarazada), la experiencia de madre novata le muestra la cara no edulcorada de la nueva etapa, esa que no se suele contar en los foros femeninos.

Los cambios internos y en las relaciones íntimas que la maternidad entraña, los malos tratos en el seno de la familia… Amaia Salazar es una española corriente, muy humana. REAL. Lejos de esos perfiles de pícaros, marginados, tipos duros poco convencionales, eternos solteros o divorciados de difícil emparejamiento que predominan entre los protagonistas de la novela negra extranjera y española.  Por eso Amaia se granjea al momento las simpatías de las lectoras que hacen suya la trilogía.

El mal. El mal es el eje de «El guardián invisible».

Fantasía: mitología y más allá

La fantasía también es un ingrediente que confiere personalidad a esta novela negra. Pero no se trata de una fantasía de abracadabra pata de cabra, sino con base en creencias culturales reales. De ahí que no produzca rechazo entre los lectores ajenos al género fantástico, como es el caso de esta terapeuta. Al contrario, los seres mitológicos de los bosques navarros, las echadoras de cartas, las brujas…. en su aparición y papel en la primera obra de la trilogía aportan la dosis justa de transrealidad para salvaguardar el equilibrio con la trama puramente policiaca.

El desenlace de «El guardián invisible» va por los derroteros del imaginado conforme avanza la lectura. No puedo decir que me sorprendió, pero sí que me gustó. Confieso que esperaba más maldad para cerrar el círculo.

En suma, una novela muy recomendable para las lectoras del género negro español. Si te gustan Alicia Giménez Bartlettt y Lorenzo Silva, me juego diez terapias a que Dolores Redondo te conquista.

Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.