«La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida…» y algunas buenas y sostenidas, salpicaduras necesarias en las distintas etapas del camino. Voy a hablar de los cómplices que te vas encontrado en el desarrollo de tu película. Están ahí, agazapados en la oficina, en la academia de inglés, en el vecindario y un día saltan a primera línea de tu vida. Porque la vida es cambiante, tus cómplices cambian, aunque algunos llegan para quedarse.

Cómplices. Qué importantes en nuestra andadura y salud mental y emocional. A veces más, incluso, de lo que lo son los amigos.

A un amig@ puedes quererlo mucho, pero puede no ser tu cómplice. O quizás lo fue algún día, pero por H o por B ha dejado de serlo (cómplice). Una cosa es la amistad y otra la complicidad. Estupendo si van unidas (así debiera, en una amistad plena), pero no siempre sucede.

Cómplice es aquel «que manifiesta o siente solidaridad o camaradería», según la Real Academia de la Lengua (RAE). La definición se queda corta.

Cosas sobre cómplices

Tu cómplice es aquel que te ve venir ya desde Los Andes.

Aquel a quien es difícil que sorprendas, de tanto que te conoce, pero a quien tantas veces acabas sorprendiendo.

Cómplice es quien se sabe al dedillo tu día a día, a quien no tienes que poner en antecedentes para conducirle hasta el tuétano de tus penas y alegrías. Quien ve minuto a minuto la parte de tu película que están echando ahora y participa desde la mirada mejor conviene a tu ánimo.

Cómplice es quien calla y otorga por ti sin necesidad de explicaciones.

Ilustradora: BlaIlustradora: Blanca Helga de Miguel Rubio.

Ilustradora: Blanca Helga de Miguel Rubio.

Cómplice es quien se «parte la piña» con esas expresiones y ese lenguaje que solo ambos compartís y entendéis y que, fuera de ese miniclub, pues maldita la gracia que tiene la cosa.

Con tu cómplice no tienes que guardar las formas.

Con tu cómplice no haces vida social.

Ayyyy, qué bien saben esos despellejes que os guisáis y coméis mano a mano. Qué bien se queda un@ después de una sesión de esas de descarnio. Innobles, pero terapéuticas donde las haya.

Los cómplices nacen en un ambiente concreto (el trabajo, un círculo de ocio o afición, la familia…), pero al regarlos, a veces acaban echando ramas y flor en otras atmósferas de tu vida. Puedes tener varios cómplices en muchos, todos o casi todos tus ambientes o solo uno o dos cómplices multi-ambiente.

Las complicidades ajenas a la convivencia doméstica tienen las mejores cartas para ser duraderas.

Los cómplices existen porque existen rutinas. En realidad, la complicidad es algo muy rutinario. Ya se sabe, que lo mejor de la vida, suele estar en lo ordinario, más que en lo extraordinario.

Basta un contacto esporádico con un viejo cómplice que pasó a segunda línea de playa en tu vida para comprobar que vuestra maquinaria sigue activa. Un poco de 3 en 1 y «todo vuelve a funcionar».

La complicidad es prima hermana de la afinidad, Escuchen a la RAE, afinidad= «1. Proximidad, analogía o semejanza de una cosa con otra. 2. Atracción o adecuación de caracteres, opiniones, gustos, etc., que existe entre dos o más personas».

Gesto cómplice

A los amores y amistades cómplices no se les caerán las hojas. Si en la pareja y en la amistad das y obtienes complicidad es que le habéis puesto pilas alkalinas. Durarán.

Desventurado aquel que no encuentra sus cómplices en cada etapa vital. Entre cómplices se establece una comunicación fina: puro serum que no destilan otras relaciones esenciales históricamente -y a veces, equivocadamente- idealizadas.

Y para finalizar, iba a poner música de Cómplices, pero se me van al amor de pareja y hoy no tocaba terapia rosa.

Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.