Nos guste o no, lo pretendamos (activos) o no (pasivos), en la vida tod@s somos coleccionistas. Coleccionamos desde el momento en que probamos nuestros pulmones en la sala de partos. No es esta afición optativa.

Voluntaria o involuntariamente, coleccionamos éxitos, fracasos; alegrías, disgustos; amigos y enemigos; risas y broncas memorables; propiedades, deudas;  lealtades y desengaños; conquistas y batacazos; placeres, obligaciones… y así podríamos alargar esta lista maniquea casi hasta el infinito.

Colección de etiquetas de ropa.

Colección de etiquetas de gomas de borrar.

Si estamos de acuerdo en que en la partida de vivir te toca coleccionar, entonces encontramos múltiples perfiles, tantos como los de los  acumuladores de objetos:

  • Los coleccionistas de todo y de nada: los que empiezan mil y una colecciones y no acaban ninguna. En su vertiente vital, se antojan poco recomendables: puro humo e inconsistencia y, a menudo, poca palabra, poco peso… ¿Sigo?
  • Los coleccionistas completistas: que no cejan en su empeño hasta atrapar el cromo que les falta o la moneda arisca. Individuos con tesón, constantes, peleones, sesudos… Loables siempre y cuando sepan no caer en la red de la obsesión.
  • Los coleccionistas fetichistas: adictos y exhibidores. El fetichismo para quien lo compre, que un objeto (no perdamos el norte) no deja de ser un objeto por muy deseado que pinte.
  • Los coleccionistas que abren zoom versus los que lo cierran: porque en esto del coleccionismo los hay que apuntan a un tema amplio y otros que van a lo restringidísimo, a lo específico. No es lo mismo coleccionar monedas de todo el mundo que solo de un país ni coleccionar sellos que tapones de bolis fabricados en Noruega. ¿Globalización o especialización? Hay gurús que aconsejan lo segundo pero, en todo caso, conviene  saber moverse en la globalización, aprovechar sus ventajas y saber lidiar con sus lacras.
  • Los coleccionistas de antigüedades: coleccionar es antiguo y busca lo antiguo. En un altísimo porcentaje los clientes de las tiendas de antigüedades son coleccionistas. Está bien conservar las raíces, y más abajo, incluso, pero sin que los árboles viejos nos tapen la vista del bosque nuevo.
Colección de etiquetas de textiles.

Colección de etiquetas de textiles.

  • Los coleccionistas que no saben que lo son: ¿quien atesora, alineados en las estanterías de su hogar, cientos de libros alimentando su afición lectora, no es acaso un coleccionista de libros?
  • Los coleccionistas del objeto útil frente a los rendidos a lo inútil: no es lo mismo coleccionar zapatos de tu número que cajas de cerillas vacías. Seguro que tener 101 pares de zapatos no es una necesidad, pero el objeto coleccionado tiene su utilidad: te los puedes poner. Ahora que el segundo ejemplo, las cajas de cerillas, pues no tiene más función que hacer colección.
  • Los coleccionistas de lo caro-carísimo y los de lo baratísimo-gratis: tampoco es lo mismo coleccionar coches antiguos que sobres de azúcar. Los primeros cuestan un potosí y los segundos los atrapas con solo extender la mano en las cafeterías. Lo crematístico ya se sabe que excede al deseo; caminan por distintos senderos más veces que por el mismo.
  • Los coleccionistas que practican la ululofilia (coleccionistas de búhos y lechuzas), glucofilia (sobres de azúcar), muñecofilia (de muñecas), notafilia (de billetes), conquiliología (conchas de moluscos), filolumenia (cajas de cerillas), placomusofilia (placas de cava), etc. No se trata de desviados sexuales. Sucede que algunos tipos de colecciones tienen unos nombres realmente curiosos y desconocidos. En cambio, si les digo «numismática» nadie se me altera.
  • Los coleccionistas que se entregan al trueque: que son muchos. Muchos quienes emplean el intercambio para cambiar piezas repetidas o que no aprecian o no necesitan por otras que les faltan para seguir completando o ampliando su familia. En tiempos de crisis económica, de excesos sin sentido y de carencias que quitan el sentido, la opción del intercambio de bienes y servicios cada día cobra más adeptos. Vuelta al origen de la humanidad después de los desmanes del capitalismo.

¿Y tú coleccionas? ¿Coleccionaste? ¿De qué eres coleccionista?

Enlace de interés:

«Vidas de coleccionista».

Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.