Terapia de letras

Fototerapia

Me lo dijo un osito

Hoy me he detenido a escudriñar los rasgos y planta de un osito de gominola antes de darle muerte. Algo que seguramente mi hija hará muchas veces, pero en lo que yo hace años he dejado de pararme, centrada en tareas más importantes. ¿Más importantes? Mentira. La vida adulta estándar nos robotiza y nos llena de obligaciones impuestas más las que nosotros mismos nos imponemos y nos creamos. Y claro… quién tiene tiempo e interés para fijarse en el morro de un baladí osezno de goma.

Ositos de gominola
Estoy segura de que si estudiásemos más la jeta de estas guarrindongadas comestibles seríamos más felices.

Me lo acaba de revelar un plantígrado de cola, tieso como él solo, que casi me vale una muela. #RevelacionesdeAñoNuevo

Me lo dijo un higo

Imágenes, pero sobre todo sabores y olores de temporada, de acuerdo con el protagonista de este post, que conllevan efectos terapéuticos. Con ustedes: el higo.

Tiene nombre que incita al choteo, sí, ciertamente, por eso de la «cara de higo», de «arrugarse como un higo» y otras comparativas que lo toman por referencia. Si os ponéis en plan bicho, ¿a qué os recuerda a la cara y/o cuerpo de algun@os congéneres?

Higos de septiembre.

Higos de septiembre.

A caballo entre el verano y el otoño -se da entre agosto y octubre en el hemisferio norte- es buen compañero para realizar la transición estacional que tanto nos pesa… Ya se sabe que el verano lo soltamos mal.

Un poco marrano, el higo. Déjalos un par de días en un contenedor poco recomendable para este contenido -dígase una bolsa de plástico- y los mosquitos lo pasarán teta y tú más con el charquín pegañoso que dejarán. Si no los vas a comer en el momento, directos a la nevera en un recipiente apropiado y tapados con un paño.

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La fuente de Sebreñu

De chorro del hogar a punto en la ruta del encanto rural pasando por imán agreste para una niña en bicicleta

Vacaciones.  Se acabó el cole. ¡Al pueblo! Quien no ha tenido un pueblo en su infancia ¿ha tenido infancia? Prao para esparcer y otros verdes compañeros, la pandilla de retoños de oriundos emigrados que retorna en verano, ¡los primos!…. Y una bicicleta. Con bici en tu pueblo eras el rey o la reina del mambo: ¡los caminos por montera! A descubrir y coleguear.

Y la fuente. Allí abajo, enfrente de la casa familiar, bajando un camino sin asfaltar. Atracción agreste, imán. Los tragos allí saben mejor que el vaso de agua que se pide al adulto en la cocina. Porque incluye paseo, parafernalia, encuentro e implica imaginación. Allí bajaban mi padre y mis tíos a cargar los cubos para el aseo y la intendencia doméstica cuando el agua no salía alegremente del grifo de casa. Y no hace tanto de eso.

Fuente de Sebreñu

La rehabilitada fuente de Sebreñu inaugurada el pasado 29 de junio de 2014.

La fuente, testigo de amistades, primeros amores, muro de pensamientos.

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