El otro día escuché a alguien (varón) de mi entorno, que no vive de su cuerpo ni está enfermo ni sufre sobrepeso, decir que se pesaba «todos los días». Aluciné. ¿Por qué? ¿Para qué? Me parece absurdo. Inútil. Tan inútil como tener una báscula en casa como parte del equipamiento doméstico.

– «Cuánto pesa Usted?»
– Pues ni idea. Calculo que lo mismo que siempre kilo arriba, kilo abajo..
– ¿Y su niño?
– Pues …. me pilla.
– […]

¿Es importante el dato? Por supuesto hablo de personas sanas, sin sobrepeso y que no dependen de sus kilos para ganarse el pan de cada día.

Báscula
El conocimiento de aquel individuo que cada mañana (imagino) trepa a su báscula  para comprobar si oscila algún gramo con respecto al día anterior me devuelve una imagen esperpéntica de un mundo obsesionado por el culto al cuerpo, por matar las calorías. Una cosa es cuidarse, ser coquet@… y otra cosa es frecuentar la báscula tanto como el smarthphone.

Al ciudadano de báscula diaria sin motivos le añadía yo unas descarguillas eléctricas al dispositivo, a ver si se animaba a cambiar de costumbre y la sustituía por otras más productivas y edificantes.

Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.