Reencuentros: «Reconciliándonos con el pasado» nos reafirmamos en nuestro «lado del mundo» en el presente

Será que, en teoría y si los genes y la ruleta se portan, estoy en mitad del camino que me da por los balances. Bueno, a mí no, a lo que tengo sobre mis hombros, que va por libre. Me quedó de herencia, lo de elaborar balances, de aquellos reportajes socorridos para nevera de mis tiempos de redactora la sección de Economía del periódico. Una, que es natural y devota de letras y no simpatiza con los números, tira poco al monte matemático, ni al puro ni al mixto. Pero esa tendencia a realizar balances en distintas etapas pues, imagino, que viene en el paquete genético de la conciencia, la sensibilidad, el carácter… más que en el paquete de las capacidades de Ciencias. Qué-sé-yo.

En los balances personales creo que es fundamental que, al mirar alrededor, en tu círculo íntimo por supuesto pero también en el inmediatamente siguiente, encuentres las caras que quieres encontrar, las que te completan y te hacen sentir que estás en tu lado del mundo. Porque todos tenemos un lado del mundo y en el camino vamos encontrando peregrinos que son del nuestro, otros que lo serán, otros que lo fueron pero cambiaron de acera… Sonará maniqueo, pero así lo percibo.

Conmigo

Conmigo.

Repescando

Al final, las afinidades, sentimientos, feelings, después de vividos y masticados, reflexionados, te dejan la certeza de saber de qué lado estás. Pienso que es importante conocerlo: dónde estás y sobre todo con quiénes, quiénes están contigo. Si están todos, si falta alguien… Y si de tu mano está repescar al que falta, ¡a por la caña! La vida (a veces) da segundas oportunidades. Y hasta terceras, estimo.

Y en sentido inverso: igual puede ser que del cesto de la pesca hay que largar a ese pez que huele mal, alejar de nuestro lado a los peregrinos contaminantes. Porque, si te producen malestar, pues posiblemente es que sobran a tu lado.

¿Tesoro?

La amistad no es un tesoro, que suena a opulencia y chiripa. La amistad es esa pulsera de cuero o de hilo que te regala un colega o compras en un mercadillo especial en un momento especial, luces como enseña en tu muñeca y no te quitas hasta que se rompe. Va contigo siempre, no la envías al joyero aunque no pegue con esos trajes que en ocasiones te toca ponerte.

Lo mismo que en el amor, en la amistad hacemos daño y nos hacen daño. Dicen los que saben de la cabecita que no vale juzgar nuestras decisiones pasadas o ausencia de ellas (otra forma más de decidir: ausentarse) desde la experiencia presente, pero es ese desaconsejable ejercicio costumbre humana frecuente. Por bueno lo demos si consigue, en vez de autofustigarnos, movernos a la acción positiva. Si ésta cabe y está en nuestras manos…. que, en las relaciones humanas, siempre hay dos partes. Ya se sabe que dos no bailan si uno no quiere.

Amistad, divina pulsera de cuero. Ayer recuperé una vieja pulsera, que hoy siento nunca debí dejar que nadie retirase de mi muñeca y hoy, libre de malas influencias y prescritos mis viejo pecados de cobardía y ceguera , no me la pienso quitar.

#reconciliándomeconelpasado #amistaddivinapulsera

Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.