Vergüenza

Vergüenza de vivir en este supuesto Primer Mundo en el que hay que dar las gracias por haber caído. Vergüenza por ser ciudadano en esta parte  -en otra no debe de ser muy distinto, porque la bola entera está hecha unos zorros-. Vergüenza de caminar en una mayoría que tiene todos los días algo que llevarse a la boca, que duerme bajo techo, que abre un grifo y sale agua. Deberíamos sentirnos afortunados, incluso alegres, por ello, pero nos embarga la vergüenza.

Shame!

Shame!

El drama de los refugiados sirios nos toca de cerca y copa las redes sociales, esas en las que hoy pasamos ya casi la mitad de la vida -qué digo casi….-. Por eso sacude nuestra conciencia. La mayoría de este Primer Mundo está ya acostumbrada al drama del Tercero. «Pobrecitos negritos que se mueren de hambre».  Hemos asumido su desgracia (es fácil: es ajena).  Vergonzosamente nos hemos acostumbrado a esa sinrazón.  En nuestras cabezas se ha instalado que su vida (su muerte temprana) no tiene solución… cuando la tiene.

El problema es que esa solución está en el hombre y quien a estas alturas confíe en este ser es un soñador de utopías.Nos han vacunado para asumir el infame destino del Tercer Mundo.  Su hambre, su violencia, sus guerras, sus abusos sociales, su desprotección total. Pero esas guerras lejanas se han ido acercando y hasta han mutado y se han convertido en globales. Han adoptado otras formas y de vez en cuando nos salpican en forma de fanáticos-bomba que vuelan y nos vuelan en nuestra casa.

El Primer Mundo ya no está a salvo. Esa certeza se nos ha revelado con los atentados de la nueva amenaza extremista islámica y su loco mensaje.

Hoy, una guerra que no se lidia entre los vecinos del tercero vomita a su pueblo desangrado y nuestro paraguas, que pone Unión Europea, se abre y crece para permanecer impermeable a esas hordas de personas que gritan ayuda, que solo quieren vivir. De las necesidades de esos milles de desplazados está Internet llena: palabras e imágenes que nos sacan los colores. Que nos hacen querer ser pájaro, caballo, flor, qué sé yo, pero no hombre, no mujer, que es una verdadera vergüenza.

No entendemos qué tanto analizan nuestras instituciones en esta historia. La ecuación es muy fácil. Somos humanos, somos personas, son personas. Necesitan ayuda, nosotros podemos dársela. DEBEMOS. Si los que mandan, porque nosotros allí les pusimos, no fueran tan listos, o tan tontos, podríamos vivir aquí sin sentir (tanta) vergüenza.

Vergüenza: «Turbación del ánimo ocasionada por la conciencia de alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante». Primera acepción de la RAE.

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