Son tiempos para el amor, a la prole, al chorbi o al gato. Cada cual que encuentre su objeto amatorio. La salud, ya se sabe que es lotería. Y el dinero (por eso de que «tres cosas hay en la vida»), si desde el trabajo debe llegar… nos da la risa (por no llorar). ¿Alguien tenía el dinero/trabajo en la cúspide o en el escalón intermedio de la pirámide de prioridades vitales? Pues con esta buena moza de crisis que tanto nos quiere, si es usted ese «alguien» o le ha dado una patada al dinero/trabajo para situarlo a los pies de la estructura piramidal o ahora estará ricamente amargado y/o desesperado. Y eso no: fush fush.

Bienaventurado aquel a quien la crisis no le haya pasado el brazo por el hombro aún. Porque a estas alturas de la película socio-laboral no conozco familia o comunidad en la que la bicha no se haya colado. Es un muerto que se te echa a la espalda y que no resbala de tu chepa ni aunque bailes el cha-cha-cha.

En la nube (la otra)

La crisis es una nube, pero no como la de Internet ni como la de los dichosos y soñadores. La crisis es una nube gris marengo que envuelve la etapa que a cada cual en este momento le toca vivir. Una nube-paréntesis, que deja en suspenso tu vida pensada y tu vida vivida. Un@ trata de asomar la cabeza o los pies por sus contornos ondulados, pero la nube es demasiado alta y demasiado densa. No depende de nosotros que salga el sol y la aguafiestas se largue. Y ya se sabe que, ante lo que no depende de un@… Pues resignación cristiana.

Alegoría del amor venciendo a la crisis. Autora: Rosa Valle.

Alegoría del amor venciendo a la crisis. Autora: Rosa Valle.

Y ahí nos duele al país. Piel de resignada se le está quedando a España. El rebaño nunca concentró tanto conformismo. Mansos ovinos. Ovejas conformistas que tratan de trepar a un estado superior al de la resignación: el del optimismo. Y cuesta.

«Nunca llovió que no parara», dicen nuestros mayores para medio conformarse, medio animarse. Para abrir la puerta y que corra el aire de la esperanza. Porque ya se sabe que sin ella (la esperanza), no se puede vivir; poder se puede, pero tal vez  «eso» no sea vida.

Al rebaño de desempleados, hijos de desempleados, padres de desempleados, amigos de desempleados y demás afiliaciones (no me creo que usted no tenga -añado «al menos»- un parado en su vida), si le queda el amor como a Bogart París es afortunado. Es tiempo de quererse. De adormecer con comprensión, solidaridad, mimos y lealtades esa desesperanza que la falta de trabajo, el empobrecimiento, nos regala. Valeriana para esponjar ese nubarrón-toquilla.

«Qué guapo ye querese», decimos en Asturias. Arriba en la pirámide el sentimiento de cara y cruz, aunque el diablillo del raciocinio nos recuerde que «del amor no se come».

Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.