Teatro: terapia por los cuatro costados

Larga vida al teatro. Oda. Nos sobran los motivos. Por lo nutritivo que es gozar una obra teatral desde la butaca. Lo balsámico que es leer un buen drama. Añado: gran escuela infantil y, por supuesto, teatro= terapia. Terapia desde el concepto global de «teatro» a sus ramificaciones y derivadas, porque existe una especialidad de «Teatro Terapéutico» cuyo origen se remonta a tiempos tribales.

Nos consta que en etapa de tijera, estos profesionales viven achuchados, peleando por no caerse del cartel de las programaciones públicas culturales. Los consumidores escudriñamos hoy más que nunca las agendas en búsqueda de un espectáculo teatral majo a buen precio, porque eso de que pagar 80 euros una familia de cuatro personas para ver una obra… na-nai de la China. Privilegio de unos pocos; pasó a otros tiempos para un ciudadano medio. Si antes encontrabas cada temporada una agenda municipal/regional repleta de teatro para mayores y niños a precio simbólico.. hoy las obras se ofrecen muy salpicadas y más estacionalizadas que nunca. Es lo que hay… Pero hoy ellos, la gente del teatro, nos necesitan más que nunca.

Postal promocional de la obra infantil «Un gallinero en la azotea», de la compañía El Callejón del Gato.

Postal promocional de la obra infantil «Un gallinero en la azotea», de la compañía El Callejón del Gato.

Precisamente porque hay crisis y porque nos machaca con sus efectos maliciosos… ¡Necesitamos más terapia! En el teatro la tenemos. Y funciona. El teatro nos salva (si no lo he dicho aún lo hago ahora y lo repetiré luego).

Frente a otros espectáculos del arte escénico… me quedo con éste. En ningún otro encuentro esta magia y este engranaje perfecto. Por una parte, perfecto ensamblaje; por otra, contradicción, porque nos hace sentirnos nosotros mismos (sensación de plenitud) y a la vez… salir de nosotros.

Como un buen libro, como una buena película, sí… pero con la diferencia de que todas esas sensaciones en el teatro casi las tocas. Carnalidad. Directo.

Espectáculo y lectura

Como público sedente, no hay acto del arte escénico más completo. Desde sus tablas, el teatro te ofrece discurso, gestos, escenografía, música, sonido y, por supuesto, espectáculo.

La actriz Mar Rojo (Producciones Mar Rojo) durante un espectáculo de cuenta-cuentos que tiene mucho de teatral.

La actriz Mar Rojo (Producciones Mar Rojo) durante un espectáculo de cuenta-cuentos que tiene mucho de teatral.

Luego está el teatro para leer: el género dramático de la literatura. Buena terapia. Buena práctica para romper la rutina del devorador de novelas y para apartar problemas por la práctica de la absorción lectora.

Quizá lo único desaprovechable del teatro sea su acepción 8 conforme a la RAE –teatro= «Acción fingida y exagerada»-. Las actitudes teatrales o teatreras en el plano responsable de la vida me producen rechazo. Otra cosa es en contexto de dispendio.

El «Teatro Terapéutico»

El teatro nos salva, es terapéutico (ya está, me repito ;-). Y tanto que lo es, que hasta existe una disciplina así llamada: el «Teatro Terapéutico». Una expresión, redundante, ciertamente, porque el teatro de por sí es terapia para los propios actores (que envidia sentimos sintiéndoles plenos sobre el escenario), que trascienden su yo para meterse en pellejos miles, los de sus personajes. Y terapia para para el público, que se ve reflejado en los actores, en sus peores instintos y en su más noble espiritualidad.

Nuestra vida real transcurre apegados a uno o muy pocos personajes. Pero, claro, la vida en su diversidad viene a frustrar nuestras reacciones mecánicas de Personaje X, y nos muestra cómo, ante nuevas situaciones, mejor nos iría si supiésemos encarnar personajes diferentes. Flexibilidad.

La popular actriz asturiana Olga Cuervo, posa con dos niñas tras la representación de la obra «Nora, la niña de sal» en el Teatro Riera (Villaviciosa).

La popular actriz asturiana Olga Cuervo, posa con dos niñas tras la representación de la obra «Nora, la niña de sal» en el Teatro Riera (Villaviciosa).

El teatro terapéutico está muy extendido en Italia y otras partes del mundo. En España, se trata de un fenómeno más salpicado. Puntual.

En sus talleres se juega a ser actor/actriz para explorar facetas personales poco conocidas, con la ayuda de un público y, por supuesto, de un guía o profesor especializado.

No se antoja mala idea para aprender a relacionarnos y desarrollar nuestras habilidades sociales. Más en esta sociedad de avestruz, digitalizada, en la que escondemos nuestra cabeza bajo el smartphone y la tablet.

Explican quienes se dedican al teatro terapéutico que pretende «conquistar una mayor libertad expresiva», pues los personajes que se representan en este espacio, no tienen por qué ser lógicos, ni reales, ni razonables. Estos talleres brindan al alumno «una oportunidad para poder ser otra persona, una posibilidad para poder dejar de actuar compulsivamente el ‘papel conocido’, y probar una manera diferente de pensar, actuar, y sentir».

Me falta hablar del teatro más tierno, el infantil, con el que disfrutamos y educamos… pero este punto me lo reservo para otro post en TERAPIA DE LETRAS.

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