Rosa Valle presenta Sonarás bajo las aguas, novela negra ambientada en Gijón

 

NOTA DE PRENSA 02/12/2017

Rosa Valle presenta Sonarás bajo las aguas, novela negra ambientada en Gijón

  • Quintes y Ribadesella, en Asturias, junto con Zaragoza son otros enclaves de la historia que protagoniza la inspectora de Homicidios Petunia Prado del Bosque, Tunia
  • Crímenes, venganzas, filias sexuales y el sonido como arma de destrucción mundial, en una trama con la música y el agua como hilos conductores
  • El concejal de Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento de Gijón, Esteban Aparicio Bausili, presidirá el acto que dirigirá el abogado penalista José Joaquín García Fernández

Gijón, sábado 2 de diciembre de 2017«Sonarás bajo las aguas» es una novela negra que mezcla otros colores en su paleta para que la luz penetre. Crimen, venganzas, el sonido como arma de destrucción, filias sexuales, pero también amor, la música como máxima expresión de belleza, el agua como principio, energía y fin. Al frente, la inspectora del Grupo de Homicidios de la Comisaría de Policía de Gijón, Petunia Prado del Bosque, Tunia, una mujer apasionada con su trabajo, pero rica en muchos otros frentes, un personaje en claroscuro. Está localizada a caballo entre Asturias (Gijón-Quintes-Ribadesella) y Zaragoza. Su autora, Rosa Valle, la presentará el próximo sábado 16 de diciembre, a las 12.30 horas, en el Centro de Cultura Antiguo Instituto (CCAI) de Gijón. El concejal de Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento de Gijón, Esteban Aparicio Bausili, presidirá el acto. El reputado abogado penalista gijonés José Joaquín García Fernández ejercerá de maestro de ceremonias. Será en la Sala de Conferencias.

La obra está editada y distribuida por la firma asturiana Producciones al Norte.

Periodista de oficio, la escritora ha contado asesoramiento policial para desarrollar las investigaciones de la trama, de manera que el resultado sea verosímil, pero dejando, por supuesto, que corra el aire de la ficción.

El domingo 17 de diciembre Valle presentará la obra en la sede de la sociedad cultural Clarín, en Quintes, con representantes del Ayuntamiento de Villaviciosa. Quintes es otra de las localizaciones de la novela, donde la protagonista vive.

Y junto a Quintes, Ribadesella, patria paterna de la escritora. Su familia es originaria de Sebreño, aldea que también esta obra recrea. Allí la autora presentará Sonarás bajo las aguas el viernes 2 de febrero de 2018, de tarde, en la Casa de Cultura acompañada por la psicóloga Mónica G. Somoano, quien ha colaborado con ella en el trazo de los perfiles psicológicos de los personajes principales.

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Como en el pueblo, en ningún sitio: Las Pedrosas (Zaragoza)

Si las amapolas son de pueblo, que me busquen entre amapolas cuando toque desconexión. Los que así pensamos porque así sentimos –o al revés, dirían los psicólogos- alcanzamos una plenitud cuando asomamos por un pueblo o aldea que jamás encontraremos en la más bella y completa urbe. Esta diferencia, entre urbanitas y pro-pueblo (que lo de pueblerinos sabemos que tiene otra connotación) implica estilos distintos de vida social, cultural, de ocio.

ragoza), arteria de entrada.

Las Pedrosas (Zaragoza), arteria de entrada.

Los pueblos. Quien no tiene un pueblo, sea su hogar A o B, o el de su familia o amigos, “no sabe lo que se pierde”, me comentaba un compañero. Ciertamente. Ese conocimiento personal, esa experiencia de la vida rural, sobre todo en la niñez, nos hace ser quienes somos. Luego, no es cuestión baladí esto de si tengo o he tenido un pueblo. Conforme uno envejece, más lo comprueba. La prueba está en que quienes valoramos todo lo que nos pueblos nos dan, tratamos de acercar a nuestros hijos, nuestro tesoro, a esa cultura rural, sana, cercana, libre, simple.

Las Pedrosas

Un pueblo en mi haber reciente: Las Pedrosas, Zaragoza.  Para los que somos del norte, del paraje verde y rejuntadín del minifundio, Las Pedrosas ofrece esa postal de oasis en mitad de la vasta extensión de tierra arenosa que España derrocha por aquella latitud. En verano, el ambiente de ese lar maño es típico-tipiquísimo. Un rincón lleno de vida donde perderse en las vacaciones sin grandes pretensiones. Parque y pista deportiva donde trastear y jugar al balón o a lo que se tercie los críos, las calles justas para andar en bicicleta sin riesgo, la piscina, el chiringuito (fundamental), y la gente en la calle y compartiendo cháchara en los momentos de descanso.

Las Pedrosas, chiringuito en verano.

Las Pedrosas, chiringuito en verano.

Parque de Las Pedrosas.

Parque de Las Pedrosas.

No hace falta que un pueblo dibuje una bella postal paisajística para que un chaval se lo pase en él en grande. Dos minutos de parada estival en Las Pedrosas invitan a presuponer que el niño que lo tiene por su pueblo es afortunado. La niñez simple, de tierra, pelota y pequeña piscina sin grandes aderezos, deja ese poso limpio y hondo que arraiga y se transforma en recuerdo feliz en la madurez. En añoranza. Punto de recarga de baterías en el camino de la vida, destino buscado en la parada final.

Siempre el activo humano

Con todo, el mayor capital del mundo rural son sus gentes. Y de buenas gentes, simpáticas, abiertas y generosas, pues Zaragoza está servida. Ese buen fondo del maño universalmente reconocido (es de justicia) brilla en bruto en sus pueblos. En Las Pedrosas. Conquista y fideliza por lo que sus vecinos valen. Invita a pedir que a uno lo adopten. Al menos, en verano. Que los inviernos, en los pueblos… ya se sabe que son otra cosa.

as Pedrosas, agosto 2013.

Otra imagen de Las Pedrosas, agosto 2013.

Pueblos de España. Tan diferentes de norte a sur y de este a oeste y tan iguales en esencia. Como en el pueblo, en ningún sitio. Allí a soltar angustias; buscar (ojalá encontrar) la paz interior; jugar a la pelota; raspar las rodillas en bicicleta; aburrirse también, que es muy sano e inherente al verano escolar; compadrear en el bar; disolver calores y agobios en la piscina y juntar a familia y amigos en casa.

¿Las Pedrosas? Ejemplo de manual.