Al calor de la chimenea: demonio bueno en su nido de madera

Nada como una chimenea para calentar el cuerpo y templar el alma en los fríos días de invierno. No hay calor más agradable que el que desprende la leña ardiendo en ese nido de demonio bueno. Liturgia antigua como la vida, la de prender la chispa sobre la madera para cubrir necesidades básicas. Centro del hogar, las chimeneas, en tiempos de cueva y choza. Centro aún hoy, para quien sabe apreciarlas, en las casas de pueblo de noviembre a marzo. Símbolo de abrigo, de hogar, de añoranza.

Fuego de chimenea

Demonio bueno en su nido de madera.

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Verano azul

Pertenezco a esa generación de niños que se tiraban el verano sin plan alguno en la agenda, bajo la custodia de sus abuelos. Abuelos que cuidaban a los críos de 8 de la mañana a 9 de la noche (sábados incluidos), cuando acababa la jornada de mamá (porque eso de contar con papá para la guarda del crío…. son modernidades).

'Chalet con piscina, sí señor'.

‘Chalet con piscina, sí señor’.

El verano transcurría jugando semi-libres por los caminos en bicicleta, con tardes en la piscina de la vecina, bocadillos de foie gras y alguna serie en la tele. Y así día tras día. Da igual que fuese lunes que domingo. El planning no variaba mucho. La playa, ¡a tres kilómetros!, era esa gran desconocida.

El verano por montera con una de éstas.

El verano por montera con una de éstas.

Bicross de alto riesgo.

Bici-cross de alto riesgo.

Elegante pero informal en ¡la BH!

Elegante pero informal en ¡la BH!

En agosto llegaban las vacaciones de los jefes (papá y mamá). ¡Una semana! Ahí es nada. Los únicos días que se tomaban libres en todo el año (esos padres currantes, trabajadores por cuenta propia, sin concesión para el ocio) nos íbamos al pueblo. A 69 kilómetros que, sin autovía, se estiraban durante su rica horica y poco, entre vomitonas y paradas para airear en las cunetas de una hermosa carretera nacional de curva y contra-curva. Paisaje de eucaliptos grabado para siempre en mis recuerdos de guaja.

Esa semanita en la aldea con las primas y los chavales del pueblo, de pandilleo, sabía a gloria. Y traía alguna salida por los contornos, como mucho surcando carreteras hasta la Comunidad vecina. ¡Grandes viajeros! Je je. Crusoe a nuestro lao, un aficionao.

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Casas abandonadas siempre inquietantes o donde la curiosidad besa al morbo

Atrapan nuestra mirada desde la carretera. Detienen nuestros pasos siobre la acera. A los más atrevidos los invitan a entrar a fisgar en su esqueleto y carnes resecas. Se dejan hacer. Son las casas abandonadas. Las casas, los colegios, los paradores y otras guaridas muertas por desamparo.

`¿Venta

Mirilla para curiosos desde el otro lado.

Unas pocas resucitarán, a golpe de talón. empeño social o locura por algún afortunado que podrá orquestar la magia del proceso de devolverles la vida. Es muy posible que reencarnadas en otros usos: una iglesia que hoy es tienda de moda, una antigua escuela rural que sirve de asociación de vecinos, un elegante palacio en donde ahora vive un hotel…

Edificio en venta en estado de abandono en la plaza de la iglesia de Ribadesella.

Edificio en venta en estado de abandono en la plaza de la iglesia de Ribadesella.

Allá donde mores, te acompañará alguna construcción moribunda. Según estés leyendo este post, debería venirte a la mente al menos una no lejos de tu casa. Dos, tres… cuatro… según abres el zoom. Si no encienden tu curiosidad y activan tu imaginación para reconstruir o inventarte su historia, la vida vivida en aquel lugar que un día fue lustroso, el despropósito que la llevó a morir de desolación y el futuro para el que aún está a tiempo antes de que caiga sobre ella la guillotina de la detonación que la llevará a su disolución definitiva, hazte ver tu interior. Pídele polvo a las hadas, porque estás vacío de curiosidad. Haz un pedido urgente de alma de niño.

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Sanabria, visita acuática y monumental

Históricamente los asturianos tiramos de Pajares (o de Huerna, desde que la autopista existe) y ponemos rumbo a León cuando el cielo nos regala una de esas preciosas boinas con la que acostumbra a vestirse en verano por estas latitudes nórdicas. Valencia de Don Juan, Boñar o, más cerquita, Villamanín, Pola de Gordón o incluso ¡La Robla! (denme un emoticono con cara de espanto). Se nos olvida que, a una horita y pico largo en el peor de los casos, tenemos otra opción de sol y secano requete-muy apetecible. Hablo de la comarca de Sanabria, en la vecina Zamora.

Castillo de los Condes de Benavente, del siglo XV,

Castillo de los Condes de Benavente, del siglo XV,

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La casa cerrada

Siempre me han atraído las casas abandonadas, apuntaladas o no, okupadas o no, semi o totalmente derruidas o no. Cuando mis ojos se alimentan de paisaje rural, también se detienen en las casas cerradas, antesala en alto porcentaje de las primeras (las abandonadas); en escaso porcentaje las casas cerradas reviven -se reabren- de mano de un heredero bien avenido con el resto o de un comprador ajeno a los rollos de familia a los que unos pocos privilegiados de la reproducción humana escapan.

Puerta.

La vieja puerta de la casa menos vieja.

Cuando la casa cerrada es propia y la opción de reabrirla nula, el alma se encoge; la morriña/nostalgia que los recuerdos dibujan puertas adentro de nuestro ser y la impotencia/frustración material por no poder devolver el viejo nido a la vida aprisionan nuestro corazón sucesorio.

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La fuente de Sebreñu

De chorro del hogar a punto en la ruta del encanto rural pasando por imán agreste para una niña en bicicleta

Vacaciones.  Se acabó el cole. ¡Al pueblo! Quien no ha tenido un pueblo en su infancia ¿ha tenido infancia? Prao para esparcer y otros verdes compañeros, la pandilla de retoños de oriundos emigrados que retorna en verano, ¡los primos!…. Y una bicicleta. Con bici en tu pueblo eras el rey o la reina del mambo: ¡los caminos por montera! A descubrir y coleguear.

Y la fuente. Allí abajo, enfrente de la casa familiar, bajando un camino sin asfaltar. Atracción agreste, imán. Los tragos allí saben mejor que el vaso de agua que se pide al adulto en la cocina. Porque incluye paseo, parafernalia, encuentro e implica imaginación. Allí bajaban mi padre y mis tíos a cargar los cubos para el aseo y la intendencia doméstica cuando el agua no salía alegremente del grifo de casa. Y no hace tanto de eso.

Fuente de Sebreñu

La rehabilitada fuente de Sebreñu inaugurada el pasado 29 de junio de 2014.

La fuente, testigo de amistades, primeros amores, muro de pensamientos.

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Como en el pueblo, en ningún sitio: Las Pedrosas (Zaragoza)

Si las amapolas son de pueblo, que me busquen entre amapolas cuando toque desconexión. Los que así pensamos porque así sentimos –o al revés, dirían los psicólogos- alcanzamos una plenitud cuando asomamos por un pueblo o aldea que jamás encontraremos en la más bella y completa urbe. Esta diferencia, entre urbanitas y pro-pueblo (que lo de pueblerinos sabemos que tiene otra connotación) implica estilos distintos de vida social, cultural, de ocio.

ragoza), arteria de entrada.

Las Pedrosas (Zaragoza), arteria de entrada.

Los pueblos. Quien no tiene un pueblo, sea su hogar A o B, o el de su familia o amigos, “no sabe lo que se pierde”, me comentaba un compañero. Ciertamente. Ese conocimiento personal, esa experiencia de la vida rural, sobre todo en la niñez, nos hace ser quienes somos. Luego, no es cuestión baladí esto de si tengo o he tenido un pueblo. Conforme uno envejece, más lo comprueba. La prueba está en que quienes valoramos todo lo que nos pueblos nos dan, tratamos de acercar a nuestros hijos, nuestro tesoro, a esa cultura rural, sana, cercana, libre, simple.

Las Pedrosas

Un pueblo en mi haber reciente: Las Pedrosas, Zaragoza.  Para los que somos del norte, del paraje verde y rejuntadín del minifundio, Las Pedrosas ofrece esa postal de oasis en mitad de la vasta extensión de tierra arenosa que España derrocha por aquella latitud. En verano, el ambiente de ese lar maño es típico-tipiquísimo. Un rincón lleno de vida donde perderse en las vacaciones sin grandes pretensiones. Parque y pista deportiva donde trastear y jugar al balón o a lo que se tercie los críos, las calles justas para andar en bicicleta sin riesgo, la piscina, el chiringuito (fundamental), y la gente en la calle y compartiendo cháchara en los momentos de descanso.

Las Pedrosas, chiringuito en verano.

Las Pedrosas, chiringuito en verano.

Parque de Las Pedrosas.

Parque de Las Pedrosas.

No hace falta que un pueblo dibuje una bella postal paisajística para que un chaval se lo pase en él en grande. Dos minutos de parada estival en Las Pedrosas invitan a presuponer que el niño que lo tiene por su pueblo es afortunado. La niñez simple, de tierra, pelota y pequeña piscina sin grandes aderezos, deja ese poso limpio y hondo que arraiga y se transforma en recuerdo feliz en la madurez. En añoranza. Punto de recarga de baterías en el camino de la vida, destino buscado en la parada final.

Siempre el activo humano

Con todo, el mayor capital del mundo rural son sus gentes. Y de buenas gentes, simpáticas, abiertas y generosas, pues Zaragoza está servida. Ese buen fondo del maño universalmente reconocido (es de justicia) brilla en bruto en sus pueblos. En Las Pedrosas. Conquista y fideliza por lo que sus vecinos valen. Invita a pedir que a uno lo adopten. Al menos, en verano. Que los inviernos, en los pueblos… ya se sabe que son otra cosa.

as Pedrosas, agosto 2013.

Otra imagen de Las Pedrosas, agosto 2013.

Pueblos de España. Tan diferentes de norte a sur y de este a oeste y tan iguales en esencia. Como en el pueblo, en ningún sitio. Allí a soltar angustias; buscar (ojalá encontrar) la paz interior; jugar a la pelota; raspar las rodillas en bicicleta; aburrirse también, que es muy sano e inherente al verano escolar; compadrear en el bar; disolver calores y agobios en la piscina y juntar a familia y amigos en casa.

¿Las Pedrosas? Ejemplo de manual.