El empleo el el Periodismo: pena, penita, pena

Una, que ama a media distancia la profesión de periodista que eligió, la carrera impopular y aún por dignificar que sus padres no sin esfuerzo le costearon allende casina, sufre con cada piedra que se cae -porque la tiran- del edificio informativo. La sangría de medios de comunicación que se cierran no cesa.

El sector periodístico que conocimos quienes estudiamos en los 90 agoniza y sus profesionales bucean en busca de salidas laborales que, en el mejor de los casos, estarán relacionadas con sus capacidades y experiencia aunque fuera de sus queridas prensa, televisión y la radio. Pero eso solo en el mejor de los casos, porque muchos colegas hace tiempo que enfocaron hacia otras actividades, incluidos el punto de cruz y la vainica doble (con todos mis respetos para los profesionales de la aguja), languidecen de am@s de casa o se asfixian en el paro. Los listos que ya vieron venir entonces la que luego llegó enfocaron ya antes de echarse al ruedo hacia la enseñanza universitaria o el mundo editorial.

Periodista apenado.

Cierto que no hay sector (salvo muy honrosas excepciones) que se libre de la quema de la crisis actual, pero es que al periodístico le dan por todos lados. Al mal generalizado del desempleo por el cierre de empresas, se une el de la pérdida de credibilidad (aquí habría que hacer autocrítica, que de ello tenemos parte de culpa los propios profesionales) y la insolidaridad ciudadana. Sí, porque a ese discurso político interesado de que la información no es ahora prioritaria frente a la Educación o la Salud, se une el que en los últimos tiempos todo quisqui se cree en el derecho de censurar y ningunear a los periodistas.  Nunca el mensajero estuvo tan desacreditado ni desautorizado, observo. Profesión desagradecida para quien la practica. Si ni el ciudadano, el receptor, la valora… mal vamos. ¿Qué nos queda?

Endogamia y sumisión

Porque el universo mediático puertas adentro da horror cuando se mira desde fuera. Desde la endogamia del propio medio es evidente que este horror no se ve. Mandos intermedios apoltronados (no los culpo, que no está la cosa para moverse del sillón) que pasan de ponerse en el lugar del otro, del chaval, ya carrozón, explotado y perenne trabajador que rota en precario, mejor formado y en no pocos casos  más válido que ellos; direcciones caciques del «yo ordeno y mando» y cuidado, que te doy la patada y luego encima te machaco la autoestima con un «ojito con lo que haces, currito, que te estás cerrando las puertas». Esto pasa en las empresas mediáticas, no es ciencia ficción. Una república bananera, porque esto lo dice un directivo en el sector del metal y se monta la marimonera. En el sector periodístico ahí va y que te preste. Nadie gurguta.

No son la prensa, la tv o la radio del interés de los sindicatos. Y de ello no echo la culpa a las organizaciones sociales. Buena parte es nuestra, de los propios profesionales, gremio individualista y poco inteligente en la lucha de sus derechos sociales, embobado por la devoción a la vocación, pasión de la que históricamente se han aprovechado sistemáticamente quienes manejan  y se reparten el parné.

El caso de la RTV autonómica de Valencia

Todo este testamento porque a golpe de Gobierno se va una radiotelevisión autonómica al garete, la valenciana. Y la justificación da miedo. Ese es otro tema para llenar cien posts: la deficiente gestión de algunos entes públicos de comunicación. Se gastó en algunas alegremente a manos llenas, se contrataron programas a dedo…. Amiguismo… En fin, si los buenos trabajadores que pringaron hablaran… Si se les escuchara. Pero cuidado con lo que dices porque en esta profesión, paradójicamente, opinar no está bien visto.  Casi ya ni generar opinión, que es aún peor. Hago autocrítica y creo que la valentía no es nuestra principal virtud.

Solidaridad con la plantilla de Valencia. Pero solidaridad también con los cientos de compañeros que en los últimos años se han ido a la calle silenciosamente en el sector privado, al albur de sus direcciones y perros fieles y de por dónde sopla el aire desde la Administración.