Otoño caliente

Pienso, mientras las piso, que las hojas del otoño están calientes. Lo están porque este otoño es caliente. El calentamiento global lo tuesta. Vuelta y vuelta.

Los viajeros de la estación estamos calientes. Calientes porque se nos fue el verano, calientes porque pasamos de les castañes, calientes también por ese sol de rebajas, que nos descentra, zalamero.

La cabeza se nos calienta con vuelos.

Empieza a gustarme el otoño, este otoño, que no anuncia el invierno. Me gusta porque no es mensajero.

Emigrar

Cuando de niños poníamos a prueba la paciencia de mi madre, ella amenazaba con emigrar a Australia. No sabía yo, inocente provocadora, que años más tarde, en mi madurez, haría mía esa amenaza. Clavadita. Hasta el mismo destino. Marchar. Lejos. Para no volver.

Lejos de las personas que nos hacen daño.

Lejos de las obligaciones que nos anclan.

Lejos de la asfixia de vivir con peso.

Lejos de las injusticias que nos desangran.

Lejos de los mandatos que nos someten.

Lejos del estrés emocional.

Lejos del lado de los tontos.

[Lejos de tanto que hay cerca].

En la vida hay momentos para quedarse y momentos para emigrar: suerte con la operación aritmética, habitantes.

No conozco Australia. Debe de ser bonito. Con esos canguros que saltan lejos, tanto que emigran a cada salto.

La inspectora de Homicidios de Gijón Petunia Prado del Bosque ‘publica’ su primer libro de poemas

NOTA DE PRENSA 02/12/2018

  • Rosa Valle presenta Llueve, donde versifica posts del blog del personaje y los junta con poesías que salpicarán la nueva novela en construcción y otros independientes
  • La obra está ilustrada por la joven Deva Gil Valle y editada por Producciones al Norte

Gijón, 2 de diciembre de 2018— Llueven penas amarillas, zozobras, mudanzas del interior, vientos córvidos, reversos de amar y lo hacen en forma de poemas. La escritora y periodista gijonesa Rosa Valle los ha compuesto y recopilado en el que es su primer poemario, titulado Llueve, y se los presta a su personaje de ficción Petunia Prado del Bosque, Tunia, jefa de Homicidios de la Comisaría de Policía de Gijón, protagonista de la saga de novela negra que Valle inició justo hace un año con la publicación de Sonarás bajo las aguas. El libro, editado y distribuido por Producciones al Norte, cuenta con la colaboración gráfica de la dibujante Deva Gil Valle, hija de la autora, que se estrena, en este proyecto, como ilustradora.

Llueve se presentará el próximo sábado 22 de diciembre, a las 12.30 horas, en el Centro de Cultura Antiguo Instituto (CCAI), con la poeta asturiana Vanessa Gutiérrez como maestra de ceremonias.

Parte de los poemas recogidos en Llueve tienen su origen en posts de Terapia de Letras (www.terapiadeletras.es), blog prestado por la autora a su creatura Tunia. En la novela, el blog de Petunia Prado del Bosque se llama Pataleta y bizarría. Otros versos salpicarán la nueva entrega de la inspectora de Homicidios, en la que actualmente Rosa Valle trabaja, y el resto son creaciones independientes.

Las emociones que empapan el poemario son el envés de las que escriben y pintan en los muros de Facebook y demás redes sociales, un discurso edulcorado sobre la felicidad, de adultas Peter Pan, donde la individualidad, la familia, la vida, en nuestra sociedad de consumo consuelo de mansos, se presentan teñidas de rosa y perfección.

En Llueve arrecia oscuridad (la pataleta de Tunia Prado). No obstante, también hay paraguas (la bizarría de la inspectora): maletas, márgenes; fuego, arena y esa otra agua que limpia y mece. A mitad del camino de este viaje mojado, dulce y salado, que es vivir, se nos revelan certezas azul oscuro. Se pescan en alta mar. «Sabuesos del salitre, buscadnos cerca de las olas».

El amor, la ausencia, el dolor, el paso del tiempo… Temas de la poesía universal convergen en Llueve. Junto a ellos, otros actuales, como la negación de la vejez y la dictadura de las obligaciones y del dinero, entre otros.

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Asturies: economía de estaciones

«La primavera, la sangre altera». Aquí arriba los únicos que nos alteramos somos nosotros porque la primavera no viene.

La estación ansiada pasa de largo por estas latitudes. Ya lo decía mi güela: n’Asturies, del invierno pasamos directamente al verano. Ansina ye.

La parte positiva de esta ausencia es que nos libramos de la astenia primaveral, la depre y otras chungueras que la de Vivaldi trae consigo para algunos congéneres. En la astenia —eufemismo de «flojera», de «tar gachucu»— no caeremos, pero, en su lugar, nos entra una mala H con este plantón que la primavera nos da….

Primavera en el NortePrimavera en el Norte.

Ahí estamos todos volviendo a sacar el abrigu (que ya habíamos retirado hasta el invierno siguiente) con ese rayín de sol que nos cameló con su rácana caricia. Anda que no somos bobonos ni na por aquí arriba.

Yo creo que a los guajes, en la clase de Llingua, o en la de Cultura asturiana, teníen que enseñay-os que aquí no hay más que tres estaciones: Branu, Seronda e Iviernu.

Y, si me apuráis, y ayúdame el cambiu climáticu a reforzar esto que digo, na más que dos: Branu e Iviernu y puntu pelota.

Somos así de chulos.

Otras reflexiones sobre la primavera en terapia de letras:

Rollito primaveral

 

Certeza azul oscuro

Timonela involuntaria y sin carnet, todos los días se echaba a la mar con su carga de miedos, frustraciones, penas…Todos bien atados para lanzarlos al agua, a mitad de jornada, en el punto más hondo.

Y así un día. Y otro. Y otro.

De regreso a tierra, atracada ya en puerto, iniciaba a pie el camino hacia casa. Había soltado su desazonador lastre, lo había visto desaparecer hasta hundirse entre las olas, pero no se sentía ligera. Se sentía vacía. En pie después de la tempestad, pero marcada por las huellas tentaculares de la sacudida.

Azul

La mirada costosa, el peso sobre las pestañas. Los sentidos adormecidos. El alma de resaca. El dolor extendido, difuso. Las manos con hormigas. Todavía en la cueva del mundo sensible, en las sombras de Platón.

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Rollito primaveral

«En todas las cabezas se cuecen habas y en la mía a cucharadas». La primavera convierte esas testas torcidas (por cuanto que complicadillas y un punto masocas) en fabadas merecedoras de premio gastronómico. Ayyy…. qué hermosa estación. No es oro todo lo que florece en esta poética fecha.

Hay escritos carros y carretas sobre los efectos psicológicos de la primavera. Los cambios climáticos y de horarios que traen estos meses producen cambios en las áreas cerebrales que regulan los estados de ánimo y la voluntad, la temperatura, los procesos de sueño y vigilia, el apetito, la sed y la vitalidad de las personas. ¡Casi nada! Nuestro equilibrio psicosomático puede irse al garete en un periquete por gracia del solete, los días largos, el calorín y el ambiente happy-fllower circundante.  De ahí, que usted se encuentre triste, sin hambre (o famélico) o de un mal café que pa-qué. Échele la culpa a la primavera, que… pasará. Depresión o astenia primaveral: qué majica.

¿Depresivo?

¿Depresivo?

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El ‘encanto’ de la nieve

Que alguien encienda el sol y derrita la nieve que nos cubre y hasta nos rellena como pavos de película americana.

Añoranza de calorcito, de luz, que ponga en marcha (con gana) la maquinaria del cuerpo, que estos días pesa más que las calderas industriales. Ese frío que nos abotarga y paraliza…

A algun@s el manto blanco los lanza a la montaña, equipo y parafernalia mediante (cartera también), llenos de euforia y energía… A otr@s solo les invita a quedarse en casa. No hay abrigo que nos parapete de la gelidez interior que imprime este tiempo.

Yo, mejor calentito aquí dentro.

La rutina diaria se vuelve cuesta arriba cuando el termómetro baja. Bendito sur, afortunados sureños.

El cuello y los hombros se cargan de sostener tanta capa de indumentaria. Duele recordar la caricia del sol que se fue.

Las redes sociales se plagan de bucólicas estampas de pueblos blanqueados por efecto climatológico. «¡Ooooh, qué bonito!»… y qué frío y qué poco práctico.

Sueña la niña de ciudad poco visitada por la nieve con hacer el muñeco del cuento. Dichoso el adulto que conserve esa ilusión. Yo estos días solo siento frío y morriña de sol.

¿Soy la única que no le ve el encanto a la nieve por ningún sitio?

Sanabria, visita acuática y monumental

Históricamente los asturianos tiramos de Pajares (o de Huerna, desde que la autopista existe) y ponemos rumbo a León cuando el cielo nos regala una de esas preciosas boinas con la que acostumbra a vestirse en verano por estas latitudes nórdicas. Valencia de Don Juan, Boñar o, más cerquita, Villamanín, Pola de Gordón o incluso ¡La Robla! (denme un emoticono con cara de espanto). Se nos olvida que, a una horita y pico largo en el peor de los casos, tenemos otra opción de sol y secano requete-muy apetecible. Hablo de la comarca de Sanabria, en la vecina Zamora.

Castillo de los Condes de Benavente, del siglo XV,

Castillo de los Condes de Benavente, del siglo XV,

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Portugal: Concello de Odemira en el Bajo Alentejo

Creo que la próxima vez que busque destino vacacional, no me dejaré guiar por las opiniones externas, aunque sean coincidentes y provenientes de fuentes especializadas. En esto de dar con el gusto propio, nada mejor que el propio instinto cuando un@ se conoce bien a sí mismo, vaya. En algunos frentes de la vida el yo tiene las cosas muy claras. En mi caso, uno de esos frentes es el viajero que, guiada por las consultas efectuadas en varios blogs de viajes y otros websites turísticos, me llevó recientemente al concello de Odemira, distrito de Beja, subregión del Alentejo Litoral y región del Alentejo. Un destino que cumple con propósitos viajeros de sol, playa y descanso, pero que se queda flojo para quienes buscamos algo más.

Oteando la playa de Almograve.

Oteando la playa de Almograve.

Patrimonialmente la zona es bastante ligera. Te encontrarás pueblos sencillos, de aprobado, algunos incluso bonitos para foto, pero abarcables en tres minutos. Casas de reciente construcción y nula riqueza arquitectónica, bares y tiendas igualitas a tutiplén. La opinión es de alguien que adora los pueblos y las aldeas, por encima de las ciudades, allá adonde la lleve la bolsa de viaje. He pisado aldeas muy pequeñas en otros lugares que le dan mis vueltas en encanto y riqueza patrimonial a villas de mucho mayor tamaño de este bajo Alentejo.

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La fuente de Sebreñu

De chorro del hogar a punto en la ruta del encanto rural pasando por imán agreste para una niña en bicicleta

Vacaciones.  Se acabó el cole. ¡Al pueblo! Quien no ha tenido un pueblo en su infancia ¿ha tenido infancia? Prao para esparcer y otros verdes compañeros, la pandilla de retoños de oriundos emigrados que retorna en verano, ¡los primos!…. Y una bicicleta. Con bici en tu pueblo eras el rey o la reina del mambo: ¡los caminos por montera! A descubrir y coleguear.

Y la fuente. Allí abajo, enfrente de la casa familiar, bajando un camino sin asfaltar. Atracción agreste, imán. Los tragos allí saben mejor que el vaso de agua que se pide al adulto en la cocina. Porque incluye paseo, parafernalia, encuentro e implica imaginación. Allí bajaban mi padre y mis tíos a cargar los cubos para el aseo y la intendencia doméstica cuando el agua no salía alegremente del grifo de casa. Y no hace tanto de eso.

Fuente de Sebreñu

La rehabilitada fuente de Sebreñu inaugurada el pasado 29 de junio de 2014.

La fuente, testigo de amistades, primeros amores, muro de pensamientos.

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