PetoTerapia

Desde que empecé a elegir mi ropa, allá por la controvertida adolescencia (mi madre retrotraerá esa decisión hasta mi nacimiento), siempre ha habido en mi ropero un peto vaquero. Recuerdo perfectamente cómo fue cada uno de los habidos en mi historia, porque tampoco son  tantos, que menda es de hacer museo del vestuario (el actualmente en uso va para las 12 primaveras)

Tiene efectos terapéuticos esta prenda en su  versión clásica. Yo acostumbro a tirar de ella los lunes, por ejemplo, y desde hace más de 20 años que no me falla como aliada. Lunes: ese día cuando  el cuerpo, en la memoria inmediata el buen gusto del fin de semana, se despierta remolón para encarar las obligaciones de la rutina. No hay mejor aliado que este protagonista textil de hoy para repanchingarse una contra calendario, en la silla de la oficina y en tu interior.

Prenda cómoda como ninguna, por cuanto que amplia y anti-preturas. Y, además, molona (vale que es cuestión de gustos) y multi-estilo.  Libertad: se siente.

Peto vquero clásico

Peto vaquero clásico

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Mechas californianas

Las mechas californianas las inventó una superwoman-a-su-pesar  antes de que se pidiesen en las peluquerías. Una mujer madre, trabajadora, choferesa, recadera, estudiante y aficionada a las aficiones en su tiempo libre, con una raíz morena espléndida natrural en su cabellera con betas rubias artificiales.

Antes que la chavalina se las pidiese a Yovana en el Centro de Imagen y Estética, su mamá ya las había lucido en múltiples ocasiones. Y sin gastar ni un euro ni un minuto en la pelu. Aunque … lo de «ni un minuto»: según se mire, que a la superwoman de este micropost aquella facha (hoy se dice «moda») le costaba cuatro hermosos meses de no pisar el establecimiento que otras féminas visitan semana sí-semana también caiga quien y lo que caiga.

Mechas californianas.

Hasta que un día la buena mujer decidió que estaba hasta sus pelos bicolores de ir de californiana ¡y de llevar mechas! Se entregó a los baños de color que venden en los súper y a la peluquería-en-casa y hasta experimentó una transitoria, pero falsa por cuanto que incompleta,  sensación de libertad. Una batalla que había ganado a las esclavitudes que la estética impone a las mujeres en esta parte del mundo.

En el siguiente capítulo…. ¿se dejará melena en las piernas?