Certeza azul oscuro

Timonela involuntaria y sin carnet, todos los días se echaba a la mar con su carga de miedos, frustraciones, penas…Todos bien atados para lanzarlos al agua, a mitad de jornada, en el punto más hondo.

Y así un día. Y otro. Y otro.

De regreso a tierra, atracada ya en puerto, iniciaba a pie el camino hacia casa. Había soltado su desazonador lastre, lo había visto desaparecer hasta hundirse entre las olas, pero no se sentía ligera. Se sentía vacía. En pie después de la tempestad, pero marcada por las huellas tentaculares de la sacudida.

Azul

La mirada costosa, el peso sobre las pestañas. Los sentidos adormecidos. El alma de resaca. El dolor extendido, difuso. Las manos con hormigas. Todavía en la cueva del mundo sensible, en las sombras de Platón.

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«De quien lee, puede esperarse algo»

A salto de mata, araño unos minutos para esta entrada que no estaba prevista. No se queda la terapeuta a gusto consigo misma sin regalarle unas letritas de palo al Día del Libro, una cita de esas que están cerca del corazoncito. Sí, vale, ya sé que este día no debería de celebrarse y bla bla bla, como el resto de días-internacionales-de. Pero ahí está y si este día los libreros venden más, pues me alegro, y si este día nos regalan una flor y un libro, pues mira tú qué bien y si este día alguna voz autorizada y edificante dice algo que sume en las cuentas lectoras y la cultura de este país, pues mira tú qué bien.

Ciertamente ;-)

Ciertamente ;-)

Reflexionaba en el coche camino de la oficina -saben de qué les hablo, ese momento del día en que la cabeza está al cien por cien, loca de energía y pletórica de listas de actividades varias: un poema de coordinadora- que un bonito objetivo para lograr una población amante de la lectura es que nunca nadie tenga que pedir perdón por lo que lee (saco de la bolsa a Belén Esteban y semejantes…. estarán Uds. conmigo). Que para cada lector hay un libro. Porque los gustos lectores no son más que gustos y cada cual, por fortuna e imperativo de la diversidad, tiene los suyos.

Estoy convencida de que quien no lee no es que no le guste leer, sino que aún no ha descubierto cuáles son sus lecturas.

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Esta noche se falla el XIV Concurso de Relatos Cortos Leopoldo Alas Clarín

Hoy nos reunimos el jurado del Concurso de Relatos Cortos Leopoldo Alas Clarín, cita literaria de alcance internacional, para elegir pluma ganadora. Difícil tarea, y no es un tópico, porque doy fe en primera persona de que la calidad de los relatos resultantes de la criba final, entre los que se cuenta quien será la flamante historia triunfante, es alta. Cuando digo «calidad» estoy diciendo creatividad, originalidad, gusto, destreza lingüística.

Escritura

El certamen, adolescente en términos anatómicos, es todo un veterano si se lo mide en su mundo, porque en 2014 cumple justo 14 años desde que la Sociedad Cultural Recreativa (SCR) Clarín lo alumbrara desde Quintes, un pueblo mariñán, dinámico y emprendedor, cultural y folixeramente hablando, ubicado en la localidad de Villaviciosa, a un paso de Gijón, en Asturias.

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Dolores Redondo y el negro valle de Baztán

Nueva novelista al buche lector. Su nombre es Dolores Redondo y es autora de laTrilogía del Baztán.  Esta TERAPIA LITERARIA surge tras leer el primer título del trío, «El guardián invisible» (Destino, 2013), mi primer encuentro con la escritora donostiarra asentada en Navarra. Allí, en el valle nórdico de Baztán transcurre la historia negra de esta obra. Llegué a sus páginas proactivamente, y después de pasar por caja, atraída por la lectura de una entrevista a la autora publicada en la revista Qué Leer  hace unos meses ya.  Aquella ventana abierta a la escritora, entonces para mí desconocida, excitó mi curiosidad; tuve la intuición de que iba a gustarme lo que esos libros contaban. Recién catado el primero, la intuición se ha tornado constatación y, al gusto por lo que se cuenta, añado el de cómo se cuenta. Luego concluyo: flechazo con Dolores Redondo y su negra. Un jugoso descubrimiento.

Portada de «El guardián invisible».

Portada de «El guardián invisible».

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Literatura como terapia: un 10

Si un@ no consigue evadirse de sus penas, hacer paréntesis en su ru-rú vitalicio, mediante la lectura de un buen libro (buen libro= el libro que te gusta a ti… que igual no es un García Márquez), es que se encuentra en fase terminal. Más vale que l@ echen a los buitres (a él/ella…. No al libro). Porque no hay terapia más sana y edificante, se mire por dónde se mire.  Esas páginas, de celulosa o de kilobytes, tienen más mano izquierda que el mejor terapeuta argentino.

Libros

¿Dije «se mire por dónde se mire»? Pues vamos mirando:

  • Terapia sana la lectura. Vicio de los recomendables. No nació el humano, el experto de cualquier palo, que no recomiende leer. Es tan bueno que debería estar prohibido… Y lo está… tristemente para algunos, véase las mujeres, en aquellos países donde al poder le interesa alimentar la ignorancia.
  • Terapia íntima. Disfrute personal, de mí conmigo. Tus lecturas (cuando das con las tuyas, insisto) te reconfortan, te reconcilian contigo mismo, te reafirman en tus valores y tu camino, te reposicionan en tu lado. La sacudida-The End que experimentas en un encuentro con un libro atractivo que se ha portado es igualita que la de un orgasmo. ¿O no?

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María de Villota «lo consiguió porque no sabía que era imposible», lo que su libro nos enseña

Reflexionaba recientemente en una entrada de TERAPIA DE LETRAS sobre lo enervante y feo que es que los demás pongan limitaciones a nuestras capacidades, tesón y objetivos. «Lo consiguió porque no sabía que era imposible»  es una frase que hizo suya la piloto María de Villota, desaparecida el pasado 13 de octubre de 2013 a consecuencia de las secuelas físicas que le dejó el terrible accidente que sufrió el 3 de julio de 2012 en Cambridgeshire (Reino Unido) mientras realizaba unas pruebas de aerodinámica para su equipo. La hija del también piloto Emilio de Villota aplicó esta expresión en su vida de superación y lucha, primero para convertirse en piloto de pruebas, y luego, para encarar con garra la nueva vida que se le abrió tras aquel duro golpe.

Esa frase aparece en su libro. Me ha calado esta obra: La vida es un regalo (Plataforma editorial, 2013), publicado tres días después de su fallecimiento…. Y eso que se sale de mis gustos lectores.

 

Portada del libro «La vida es un regalo».

Portada del libro «La vida es un regalo».

María de Villota es una mujer que me ha tenido interesada desde el minuto 0 en que escuché cómo la entrevistaban en un magazine informativo de la radio unos días antes del accidente; hasta entonces era para mí una desconocida. Luego sufrió aquel contratiempo brutal que encogió al mundo del motor, con el que, sin ser experta, simpatizo, y la noticia de su muerte me mantuvo shock varios días…

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«El cielo ha vuelto», de Clára Sánchez: adicción Planeta

Nada más empezar a leerla me sorprendió por insustancial y floja. Me esperaba más de Clara Sánchez, pero acabé leyéndola hasta mientras cocinaba y (que no me oiga el cuerpo de Seguridad) durante los semáforos en rojo. Una que tiene su orgullito lector, pues concluye que no será mala la novela si me mantuvo yonqui total. Hablo de El cielo ha vuelto (Premio Planeta 2013).

Sin duda, el plus de la obra está en su capacidad de enganche, en cómo está tejida, con habilidad de espadachina maestra de las agujas.

Ahora que si nos vamos a analizar los personajes, los acontecimientos, la historia, en suma, pues comprendo algunas críticas desfavorables que he leído en la Red. No vengo yo a criticar a una autora que me gusta y estimo, pero desde luego tiene obras mejores. Ésta es «muy Planeta».

Portada de «El cielo ha vuelto».

Portada de «El cielo ha vuelto».

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San Francisco de Sales: «Me duele el alma, compañer@os»

Hoy es San Francisco de Sales, patrono de los periodistas y escritores. Me llega por facebook, de antiguos compañeros de aula y oficio. Y estoy triste porque por los lares mediáticos tradicionales (tampoco la Comunicación «de nueva generación», la tiquera, está para tirar cohetes) está la profesión hecha unos zorros. Miento. La profesión no (o sí, pero ese es otro debate que ahora no toca) : las empresas y el empleo.

A los que amamos el oficio, el periodismo, la Comunicación, la literatura, las letras…. (porque el Periodismo tiene muchos trajes) nos duele el alma ante el panorama que tenemos y que para qué describiros. De sobra lo conocéis y padecéis: cierres de grandes y pequeñas empresas, privadas y públicas, paro a mansalva, precariedad…. Un sector tocado de muerte como otros en este tiempo de destrucción económica y laboral. De destrucción de personas, en definitiva.

Franz_von_Sales

Vuela por ahí la frase de que los periodistas que hoy tienen trabajo (en lo suyo, se entiende) son unos «privilegiados». Vengo a corregirla. Ojito. De «privilegiados, nada». Ni afortunados. Simplemente, su deber de trabajar conserva a su pareja «derecho». En tiempos de amor efímero y de escapo cuando llegan las «duras», las parejas no se llevan. Y esta pareja «deber-derecho» pues se ha descompuesto. Se da en cuatro profesionales que siguen en la brecha elegida tirando del carro. Mi guiño de colega. A su lado estoy hoy.

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Teatro: terapia por los cuatro costados

Larga vida al teatro. Oda. Nos sobran los motivos. Por lo nutritivo que es gozar una obra teatral desde la butaca. Lo balsámico que es leer un buen drama. Añado: gran escuela infantil y, por supuesto, teatro= terapia. Terapia desde el concepto global de «teatro» a sus ramificaciones y derivadas, porque existe una especialidad de «Teatro Terapéutico» cuyo origen se remonta a tiempos tribales.

Nos consta que en etapa de tijera, estos profesionales viven achuchados, peleando por no caerse del cartel de las programaciones públicas culturales. Los consumidores escudriñamos hoy más que nunca las agendas en búsqueda de un espectáculo teatral majo a buen precio, porque eso de que pagar 80 euros una familia de cuatro personas para ver una obra… na-nai de la China. Privilegio de unos pocos; pasó a otros tiempos para un ciudadano medio. Si antes encontrabas cada temporada una agenda municipal/regional repleta de teatro para mayores y niños a precio simbólico.. hoy las obras se ofrecen muy salpicadas y más estacionalizadas que nunca. Es lo que hay… Pero hoy ellos, la gente del teatro, nos necesitan más que nunca.

Postal promocional de la obra infantil «Un gallinero en la azotea», de la compañía El Callejón del Gato.

Postal promocional de la obra infantil «Un gallinero en la azotea», de la compañía El Callejón del Gato.

Precisamente porque hay crisis y porque nos machaca con sus efectos maliciosos… ¡Necesitamos más terapia! En el teatro la tenemos. Y funciona. El teatro nos salva (si no lo he dicho aún lo hago ahora y lo repetiré luego).

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‘Calzados Lola’, de Suso de Toro: negra pálida y melancólica

Título: Calzados Lola.

Autor: Suso de Toro.

Editado por: RBA.

Año de publicación: 2010 (1997).

Portada de 'Calzados Lola'.

Portada de Calzados Lola.

Impresiones:  Dos hermanos, uno ave migratoria hacia la ciudad-Edén, otro anclado al pueblo, triste Galicia donde acaba el mundo (Finisterre), una madre sola que oculta oscuros secretos de familia, un ruinoso y humilde negocio familiar (Calzados Lola).

Un chaval sin cualificar y endurecido en falso que trata de abrirse camino en  la ciudad con trabajos turbios. Otro con ínsulas universitarias pese a la obligación en la pálida tienda materna que lo lastra , ecologista y con depresión crónica.

Una madre amantísima, mujer fracasada, que acalla su gris destino a lingotazos. El fantasma del padre que les dio carpetazo…  y sorpresas duras que calientan el final de la novela.

Una ficción que en realidad son dos: la de la novela negra, con su historia oscura, de delito y muerte, sin ser ésta, la parte negra, espectacular; lo justo para contentar al lector del género. Es el mundo urbano, donde se mueve el dinero, el idealizado y vacío paraíso de la prosperidad social.

Y la ficción con amor romántico salvador, que protagoniza una familia unida en su cíclica desgracia. Escenario rural, de provincias. Secretos bien guardados hasta que la muerte viene abrir el cerrojo. Vidas corrientes.

De las dos ficciones, entretejidas hábilmente por De Toro, surge un producto literario que engancha y convence. Amable, nostálgico sobremanera y con un punto trepidante para no amustiar. El regusto que deja Calzados Lola  es una mezcla de tristeza, riqueza espiritual y obra de calidad, lo mismito que Galicia.

Puntuación de Terapia literia: del 1 al 10, al contenido le damos un 8; a la forma, un 7.