Carnet de tacones

Nunca llegué a sacar el carnet de conducir tacones (de vértigo). Hoy, a estas alturas de la pasarela lo tengo absolutamente descartado. Un día le conté a mi hija que para andar sobre esos zancos sobre los que veíamos subidas a algunas mujeres en la calle era necesario sacarse antes el carnet. Santa mía, no lo puso en duda y, al preguntar en nuestro entorno familiar a las féminas si ellas estaban autorizadas por ese documento legal a calzar taconazos de aguja, propició varias situaciones cómicas. «Mamá no tiene carnet de tacones. ¿Tú sí? Porque si no, no puedes usarlos». Inocencia infantil. L@s niñ@s y su respeto a las normas oficiales. La credibilidad incuestionable de una madre.

Carnet de conducción de tacones.

Carnet de conducción de tacones.

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Facha(da)

Sobre atrezos, yos, goteras y otras cosas de las pintas

Me siento lejos de la gente que prima el aspecto físico, el guardar las apariencias. Puede parecer un concepto antiguo, en tiempo de podemitas y liberación feminista, pero no lo está (desfasado). Veo a algunas personas necesitar su percha impecable para sentirse seguras, poner su autoestima en su pinta y juzgar a los demás por su facha. Líbreme Dios de colarme en ese saco.

Hablamos de...

Hablamos de…

Aplica a ese perfil de pinceles el refrán de «dime de qué presumes y te diré de lo qué careces» y acertarás en un alto porcentaje. Desconfío de las personas maduras (los chavales están eximidos, que les queda trecho para estas certezas) que compran ropa todos los meses y se avergüenzan de los suyos si no dan la pinta que su mirada exige. A menudo tras una fachada esplendorosa hay goteras. Muchos las pintan, las fachadas, y revisten para tapar carencias personales que otros valoramos por encima de la estética.

Tengo amigos y familia de toda facha. Me parece estupendo que a la gente le guste ponerse guapa. A mí también, pero no pongo en ello mi autoestima ni mucho menos el valor que concedo a los demás. No me avergüenzo de los míos porque vayan por la calle en polar ni con unos pantalones de cuando reinó Carolo. Vayamos a lo importante. ¿Eso lo es? No me lo parece. Poco hemos avanzado como personas si respondemos lo contrario.

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PetoTerapia

Desde que empecé a elegir mi ropa, allá por la controvertida adolescencia (mi madre retrotraerá esa decisión hasta mi nacimiento), siempre ha habido en mi ropero un peto vaquero. Recuerdo perfectamente cómo fue cada uno de los habidos en mi historia, porque tampoco son  tantos, que menda es de hacer museo del vestuario (el actualmente en uso va para las 12 primaveras)

Tiene efectos terapéuticos esta prenda en su  versión clásica. Yo acostumbro a tirar de ella los lunes, por ejemplo, y desde hace más de 20 años que no me falla como aliada. Lunes: ese día cuando  el cuerpo, en la memoria inmediata el buen gusto del fin de semana, se despierta remolón para encarar las obligaciones de la rutina. No hay mejor aliado que este protagonista textil de hoy para repanchingarse una contra calendario, en la silla de la oficina y en tu interior.

Prenda cómoda como ninguna, por cuanto que amplia y anti-preturas. Y, además, molona (vale que es cuestión de gustos) y multi-estilo.  Libertad: se siente.

Peto vquero clásico

Peto vaquero clásico

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Entrenamiento militar en los gimnasios: ¡Virgen de la Teta al Aire!

Con la de tronados y ociosos -#sineufemismos- que hay entre la población activa –jóvenes y viejóvenes– solo nos faltaba que  los gimnasios y asemejados, dígase centros de talasoterapia, los tienten con un «entrenamiento militar de máxima exigencia». Qué guapo dedicarse a emular los machaques corporales de las pelis americanas de marines. No creo que fuese la idea cuando el poeta Juvenal dijo aquello de «mens sana in corpore sano».

Lo del cuerpo equilibrado de la Grecia clásica queda para el estudio académico (y dentro de poco ni eso, que ya sabemos cómo se las gastan los planes educativos de España). La oferta de los centros deportivos hace tiempo que tienta a individuos con el culo y los abdominales mejor amueblados que la cabeza para que empleen su tiempo y dinero más allá de ese sano equilibrio.

De la mansalva de nombrajos, expresiones y siglas disponibles para bautizar clases de baile y gimnasia –leánse GAP; body confidence, zumba, TBC, ¡yoga infantil!, sport total, danza de la chirimoya eslava (esto es para probar si me siguen),etc.- se ha pasado a excentricidades como sesiones deportivas con apoyos eléctricos que convierten al practicante en hombre/mujer-cable y el bootcamp este de marras (el entrenamiento militar que motiva esta terapia).

sargento

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Flequillo metafísico o flequillo-terapia

Para« ver lo que hay que ver» (en cientos de realidades), tod@s deberíamos venir de serie con un flequillo hasta las fosas nasales

El camuflaje que aportan las abundantes barbas que nos rodean en estos días de la era cristiana se completa con un flequillo de perro de lanas, es decir, laaargo. Pero ambas peludeces en una misma cabeza no deben de estar de moda, ya que apenas se ven en ésta-nuestra calle española y su paisanaje.

Un poco más y no veo.

Un poco más y no veo.

Les decía en otro post que hace ya un tiempo que levanto la cabeza y por todas partes veo hombres barbudos. Como, por razones culturales y de acera, descarto dejarme pelopincho de nariz para abajo, debuté recientemente con el flequillo. Uno de esos que he bautizado de «perro de lanas», aunque en realidad viene a ser de Yorkshire sin esquilar, y que me obligan a abrir la cortina varias veces al día si quiero ver tres en un burro.

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Mechas californianas

Las mechas californianas las inventó una superwoman-a-su-pesar  antes de que se pidiesen en las peluquerías. Una mujer madre, trabajadora, choferesa, recadera, estudiante y aficionada a las aficiones en su tiempo libre, con una raíz morena espléndida natrural en su cabellera con betas rubias artificiales.

Antes que la chavalina se las pidiese a Yovana en el Centro de Imagen y Estética, su mamá ya las había lucido en múltiples ocasiones. Y sin gastar ni un euro ni un minuto en la pelu. Aunque … lo de «ni un minuto»: según se mire, que a la superwoman de este micropost aquella facha (hoy se dice «moda») le costaba cuatro hermosos meses de no pisar el establecimiento que otras féminas visitan semana sí-semana también caiga quien y lo que caiga.

Mechas californianas.

Hasta que un día la buena mujer decidió que estaba hasta sus pelos bicolores de ir de californiana ¡y de llevar mechas! Se entregó a los baños de color que venden en los súper y a la peluquería-en-casa y hasta experimentó una transitoria, pero falsa por cuanto que incompleta,  sensación de libertad. Una batalla que había ganado a las esclavitudes que la estética impone a las mujeres en esta parte del mundo.

En el siguiente capítulo…. ¿se dejará melena en las piernas?

I Concurso de Fachadas Humanas `Así Lucimos´

Se me ocurre que, si entre la arquitectura humana convocaran un concurso de fachadas como los que abundaban (antes de la burbuja inmobiliaria) en los municipios, el jurado lo tendría difícil para fallar los premios de las distintas categorías.

Difícil porque la concurrencia iba a ser elevada y altamente cualificados l@s candidat@s a finalistas. El cultivo de la fachada es práctica extendida y de peso entre el inmobiliario humano y en su soporte y mantenimiento trabajan numerosos profesionales de distintos grupos de actividad y sectores, desde la Cirugía Plástica y los Gimnasios hasta la Psiquiatría, la Psicología y el Couching pasando por la Estética y la Moda.

Fachadas: la pintura juega un papel fundamental en el acabado.

Fachadas: la pintura juega un papel fundamental en el acabado.

Me juego la fachada a que este certamen no quedaría desierto por falta de candidatos de altura.

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