San Francisco de Sales: «Me duele el alma, compañer@os»

Hoy es San Francisco de Sales, patrono de los periodistas y escritores. Me llega por facebook, de antiguos compañeros de aula y oficio. Y estoy triste porque por los lares mediáticos tradicionales (tampoco la Comunicación «de nueva generación», la tiquera, está para tirar cohetes) está la profesión hecha unos zorros. Miento. La profesión no (o sí, pero ese es otro debate que ahora no toca) : las empresas y el empleo.

A los que amamos el oficio, el periodismo, la Comunicación, la literatura, las letras…. (porque el Periodismo tiene muchos trajes) nos duele el alma ante el panorama que tenemos y que para qué describiros. De sobra lo conocéis y padecéis: cierres de grandes y pequeñas empresas, privadas y públicas, paro a mansalva, precariedad…. Un sector tocado de muerte como otros en este tiempo de destrucción económica y laboral. De destrucción de personas, en definitiva.

Franz_von_Sales

Vuela por ahí la frase de que los periodistas que hoy tienen trabajo (en lo suyo, se entiende) son unos «privilegiados». Vengo a corregirla. Ojito. De «privilegiados, nada». Ni afortunados. Simplemente, su deber de trabajar conserva a su pareja «derecho». En tiempos de amor efímero y de escapo cuando llegan las «duras», las parejas no se llevan. Y esta pareja «deber-derecho» pues se ha descompuesto. Se da en cuatro profesionales que siguen en la brecha elegida tirando del carro. Mi guiño de colega. A su lado estoy hoy.

Pero hay otro tipo de periodistas que hoy también trabajan. Y no son los del párrafo de arriba. Me refiero a las poltronas. Esos sí son «privilegiados». Poltronas cómodas y calentitas, a las que no llega el frío que padece el colega en la calle. Poltronas con vistas a otro lado, no vaya a ser que la mierda me salpique. Poltronas desde las que el compañero que cae se mira como apestado. No es ésta una profesión solidaria (salvo honrosas excepciones).

Y añado que en esas poltronas los hay que se llaman «periodistas de raza». Dadme una bolsa, que vomito.

Poltronas y empresas que te pisotean y luego te señalan con el dedo y hasta te dan lecciones morales. Medios en los que ha quedado el alma y el buen hacer de unos profesionales que se entregan como en pocos oficios.

Podría hablar también de los periodistas comerciales, periodistas agricultores, periodistas panaderos… Tantos que han tenido que ganarse los cuartos en otras labores, sin duda dignas pero no elegidas, obligados a «crecer». Me queda, les queda, el consuelo de que siguen escribiendo, comunicando, informando… allá en su día a día laboral y en sus horas arañadas al curro.. porque escribir, contar historias, analizar, denunciar…. es respirar para ellos. Y eso, ninguna empresa, ningún ERE, ninguna patada en culo se lo puede quitar. El aire es patrimonio periodístico.

Me duele hoy el alma, sí, compañeros.

(Hoy esta terapia sale sin corrector. Lo echaron al paro hace unos cuantos añejos. Yo todavía conocí esa figura en la Redacción. Voy con los tiempos).

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