Rollito primaveral

«En todas las cabezas se cuecen habas y en la mía a cucharadas». La primavera convierte esas testas torcidas (por cuanto que complicadillas y un punto masocas) en fabadas merecedoras de premio gastronómico. Ayyy…. qué hermosa estación. No es oro todo lo que florece en esta poética fecha.

Hay escritos carros y carretas sobre los efectos psicológicos de la primavera. Los cambios climáticos y de horarios que traen estos meses producen cambios en las áreas cerebrales que regulan los estados de ánimo y la voluntad, la temperatura, los procesos de sueño y vigilia, el apetito, la sed y la vitalidad de las personas. ¡Casi nada! Nuestro equilibrio psicosomático puede irse al garete en un periquete por gracia del solete, los días largos, el calorín y el ambiente happy-fllower circundante.  De ahí, que usted se encuentre triste, sin hambre (o famélico) o de un mal café que pa-qué. Échele la culpa a la primavera, que… pasará. Depresión o astenia primaveral: qué majica.

¿Depresivo?

¿Depresivo?

Si siente ganas de escapar a Argentina montado en una gallina o de subir al Polo Norte en pantalón de deporte, es decir, la vitalidad le desbooooorda, cuidadín, que esa excesiva euforia puede ser traicionera. Vaya esperando a la angustia que le asaltará al sobrevolar el charco sobre el emplumado medio de locomoción o a la altura de los United States luciendo canilla. Por no hablar de la hiperactividad que le invadirá estos días… Fush-fush. Terrible.

Que estudie Rita

¿Y los niños? ¡Ay, nuestros entrañables retoños! Que no hay quien los siente a estudiar, que pierden los apuntes, que preguntan eso de «¿vamos al parque?» al salir del colegio y que no hay Zeus que les meta en la cama porque «es de día», alegan los angelitos. Los pequeños, y no tanto, estudiantes se sienten cansados, fatigados, y, taza y media, desobedientes e irritados. ¡Los hermanos se pelean! (sí, más). Y «¡esa boca, que te la voy a lavar a jabón! ». «¡Que no me mires así te he dicho!». Qué hermosa estación en familia.

¿Todo son fllores?

¿Todo son fllores?

Estación promiscua

Humm…. Y recuerden el mito de que en esta fecha arden los lechos, que entran dos y salen tres y ese tipo de cosillas. La primavera la sangre altera también en las áreas bajas. Sé infiel y no mires con quién. Si tienen a alguien a quien atar en corto, ya están tardando en sacar la cuerda y amarrar su pata a la otra pata (la de la cama). Los artículos al respecto de los efectos primaverales recuerdan que durante esta estación aumentan las enfermedades venéreas. Y eso que todavía no hemos puesto el tirante. Ni falta que hace. El verano (la estación del tirante)  tiene la fama de época promiscua por excelencia,  pero es la primavera la que carda la lana.

Alergias y consumismo: daños colaterales del efecto primavera

Luego están el moqueo y los achuses de los alérgicos (a los cambios de estación, al polen, al sol…). Pobriños. No les queda otra que adorar el invierno.

Y el monedero, que nos salta en el bolso: que si comprar trapitos (ya se sabe que en Semana Santa ‘hay que estrenar sí o sí’), disfrutar cenitas en terracita…. Y la cuenta a tiritar.

Pues eso, terapeutizables míos, ojito  a los chutes primaverales.

Sed poco santa

Percibí en mi entorno humano inmediato, físico y virtual, sed de Semana Santa (en realidad, de vacaciones poco santas), gargantas resecas, ordenadores ansiosos por apagarse… No se emborrachen de primavera. Sean comedidos.

¡Despiporre!

… Salvo que psicomaticen la susodicha de putín. Si las flores les sientan de perlas, desoigan los efectos negativos de la primavera que este post desgrana. Nada de tino. Luz, aire, rollito, ocio 24 horas, ¡despiporre! Que en la cara buena de esta moneda están la alegría, las ganas de echarse a la calle y socializar… Y eso el pensamiento, el ánimo y hasta la memoria, agradecidos ellos, también lo entienden. Habrá que empujar el espíritu hacia este lado, incluso aunque tendamos más a depres que a balas. ¡Estación carpe diem!

Felices pos-vacaciones (santas o gandulas), primaveriegos.

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