Ocho

Mientras caminábamos hacia el día hoy, mi hija me ha contado que le gusta el número 8, su número de clase en este curso escolar.

«El ocho…», me he quedado pensando.

No el siete, no el cinco, niños bonitos en cuestión de amores numéricos y de números de la fortuna.

Y en mi mente se dibujó un 8, orondo pero con cinturita; con base sólida y cabezón. Un infinito cerrado. Un puf encima de otro. Mes de mar y arena, un ocho tumbado al sol.

Allí, en mi cabeza, el número se acostó. Eligió quedarse a pasar la jornada. Dos almohadas unidas sobre las que ahora roncan mis pensamientos. Mis neuronas en sueño.

Y como una es rarita, me ha dado por leer sobre el ocho. La numerología dice que simboliza el poder, la autosuficiencia, el éxito material y la firmeza de planteamientos.

Los abrazaochos son autoexigentes, ambiciosos y hábiles.

Me lo dijo un 8.

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