Memoria y conciencia, pareja de baile

Algunos mortales, para su suerte e infortunio, andan sobrados de memoria. A otros congéneres, en cambio, les tocó poco en el reparto general de la que filosofía escolástica considera «una de las potencias del alma», acepción trascendente frente a la primera de la RAE para definir memoria: «Facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado».

Memoria y conciencia: pareja de baile.

Memoria y conciencia: pareja de baile.

Cantaba Víctor Manuel que «no puedo vivir sin memoria de tantas cosas que he vivido […]», pero dichosos los dotados de capacidad para cambiar selectivamente esa sintonía por la del olvido. Felices por la vía de la astucia o de la jeta, según la ralea de la radio en cuestión. A los que no llegan a astutos ni caraduras les queda tener siempre en modo on esa facultad, que a veces incapacita para afrontar con éxito presente y futuro y otras, al contrario, ayuda a vivirlos airoso por la vía del aprendizaje.

Quienes buscan a sus muertos en las fosas comunes tampoco pueden vivir sin memoria. Ahora que Jordi Pujol y su prole seguro que perfectamente podrían. La memoria suele ser patrimonio de los derrotados, de los vilipendiados y defraudados. El olvido conviene a sus antagónicos, ya se sabe.

Me gusta poner a bailar a la memoria con la conciencia, «conocimiento interior del bien y del mar».

– ¿Bailas, morena?

– Nos van a pisar.

– Podrán pisarnos, pero no aplastarnos.

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