Es genial Vázquez Montalbán. Es genial Pepe Carvalho. Es genial volver a disfrutar esta serie negra cuando creías que ya la tenías esquilmada, reencontrarte con Charo, Biscuter, Bromuro y otros personajes carvalhianos con nómina fija y los eventuales del título de la serie elegido. Tocaron esta vez La Rosa de Alejandría (Planeta,1984) y Tatuaje (Planeta, 1974).

El segundo, demasiado poco hecho, para mi gusto, juzgando desde la excelencia Carvalho. Es del año 74, justo detrás de la novela que dio vida al detective, Yo maté a Kennedy, de 1972. Ligero y relativamente sencillo, Tatuaje, con el regalo, para los viajeros, de la escapada a Holanda como parte de la investigación en torno al muerto. Ya empezaba a acostumbrarnos Carvalho a sus salidas por el mundo. Tatuaje sabe a poco para todo a lo que esta saga montalbaniana sabe, que es mucho. Por algo el prota es un gourmet.

Portada de 'La Rosa de Alejandría'.

Portada de ‘La Rosa de Alejandría’.

De La Rosa de Alejandría se ha dicho que es la novela mejor acabada de la serie,  se la ha alabado como «heredera de la tradición realista». Amores sórdidos, pobrezas humanas, un asesinato carnicero… ingredientes puramente negros junto con otros puramente del autor, como son el mar, el amplio mundo y por supuesto su personal estilo, culto, suavísimamente irónico, elegante y perturbador.

No es por su contenido La Rosa de Alejandría  el mejor libro de la saga. Es buena la historia, pero recuerdo otras más diana a lo largo del sello Pepe Carvalho. La estructura, sin embargo, es digna de asombro desde el inicio hasta el final. La forma en que hilvana los episodios descoloca envidiablemente al lector, que no puede permitirse estar a uvas en ningún momento. Algunas escenas tardan en encontrar su sentido, en encajar en el puzzle que se va construyendo, lo que solo un autor con la cabeza amueblada en la forma en que la de Montalbán estaba es capaz de conseguir.

Me he merendado dos Carvalhos seguidos después de varios años de abstinencia cuando creía haber completado la serie y no han hecho más que abrirme el apetito por este gran escritor de mi top lector.  Y, de propina, ¡me han entrado unas ganas tremendas de darme un paseo por las Ramblas de Barcelona!

Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.