Las caras, el voto y el 24-M: dudas y certezas de una seta consciente

Caras conocidas, caras nuevas. Caras jóvenes, caras maduras. Peinados de peluquería, cabezas donde no hay que peinar. Sonrisas Profident, sonrisas justitas. Perfiles austeros, perfiles pericompuestos. La ciudad se fue llenando de fotografías que propiciaron las preguntas formuladas por los niños y las calladas nuestras -esas preguntas hacia dentro: ¿de dónde habrá salido éste? ¿Qué intereses tendrá para involucrarse en esto? ¿Por qué esta otra no se retira ya?,  etc.

Cartel electoral. Retrato de candidado.

Cartel electoral. Retrato de candidado.

Desde la pegada de carteles,  la  imagen de los candidatos nos persigue en la calle desde farolas, cajas de registros, paredes varias y hasta contenedores de basura. También la voz de sus partidos, a megáfono abierto y motorizado. A mi niña una formación palítica le dio un globo con palito y todo (yo ya estoy comprada: soy fácil);  se nos explotó:… no sé si eso quiere decir algo.

Puedes pasar de los mitines y de leer los pasquines propagandísticos, incluso evitar el contacto con los medios de comunicación durante este periodo, pero no servirá de nada. Yo lo he intentado, me he resistido, lo juro, pero no hay escapatoria. Las Elecciones se presentan una vez más y llaman a la puerta de nuestra conciencia. Una llamada especialmente incómoda para quienes no vestimos siglas y los que, cuando nuestros hijos nos preguntan qué es la política, tiramos de la definición aprendida en la Universidad-institución, por no contaminarles con otras definiciones aprendidas en la Universidad de la Vida o revelarles nuestra sincera ignorancia.

 «¿Qué es política?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. ¿Qué es política la política? ¿Y tú me lo preguntas? Política…eres tú»: opción para salirse por la targente tergiversando a Bécquer.

Conciencia toca-pelotas

¡Ay, la conciencia!: qué bien estaba de vacaciones en este periodo. Borracha el 24-M. Pero no hay forma, ese día iremos a coger el papelito de Fulanito y a meterlo en la urna aunque sea con las ideas menos claras que el cielo asturiano (de antes).

Porque echar cucho sobre esos políticos que nos quieren representar solo genera un mal olor inútil, habrá que mirarles con buenos ojos. Con toda probabilidad en sus equipos habrá personas honradas y voluntariosas. Nos consta porque algunos de esos números de la lista son nuestros amigos, nuestros vecinos y les conocemos bien (o eso creemos).

Por unos días quise creer que no votar es una opción (el voto en blanco me parece una chorrada; discúlpenme si hiero a quien lo practique). Pero mi conocimiento de la lucha de nuestros ancestros en tiempos menos asépticos que los actuales para que nosotros tuviésemos el derecho de meter el papelito en la urna me prohíbe el escaqueo. Qué le vamos a hacer, la memoria colectiva pesa. A mí me pesa. La herencia de sangre y sufrimientos por la conquista de la libertad en este país pesa: no es un eslogan rojo. No voy a venir yo, tú, nacidos y educados calentinos en democracia, a mirar hacia otro lado y largar de paseo el día de las Elecciones.

¿Hay nuevos?

¿Qué nuestra democracia está corrupta? Pues vamos a probar con otros nuevos demócratas… a ver qué pasa. Malo será que nos salgan más rana que los de siempre. ¿Los mismos perros con otro collar? Es posible… pero es lo que hay. Yo no me trago el dicho de que «más vale lo viejo conocido que lo bueno por conocer».

Es triste tener más claro lo que no quieres que lo que quieres… pero … caramba… es que en este frente… la vida no nos lo pone fácil. Cuando me propongan un partido con unos políticos que me gusten… pues o estaré gagá o habré transmutado en pato.  ¿De verdad hay algún candidato que os guste de verdad? Pues olé por vuestro amor y vuestra claridad de ideas… o vuestro conformismo.

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