La escuela de Asturias El Bibio diseña y aplica con éxito una innovadora metodología que propone llevar la ópera al currículo de Educación Infantil

  • 70 alumnos de 3 a 6 años participan con éxito en la iniciativa Ópera prima del centro educativo El Bibio, modelo en el aprendizaje creativo a partir del arte y ahora también de la música
  • Los excelentes resultados del proyecto contribuyen a desmitificar la ópera como territorio cultural de adultos y certifican su gran valor como instrumento para trabajar otras disciplinas, capacidades y valores de la etapa educativa de Infantil

NOTA DE PRENSA/ Gijón, 13 de junio de 2013.- ¿Quién dijo que la ópera es patrimonio de señores distinguidos que peinan canas y visten elegante? En la Escuela Laboral Infantil El Bibio de Gijón bien saben que no es así, que un niño de 3 años entiende, conoce y disfruta en plenitud de la ópera “incluso más” que un adulto. El éxito pedagógico del innovador proyecto educativo desarrollado este curso escolar por el centro con los alumnos de Infantil (3 a 6 años) en torno a este género musical no deja lugar a dudas. Ópera prima de El Bibio es un proyecto pionero en el ámbito nacional en la apuesta por ópera como instrumento para abordar y desarrollar, de la primera a la última, todas las capacidades y destrezas curriculares de esta etapa temprana.

Turandot interpretando en El Bibio

Turandot interpretando en El Bibio.

El 200 aniversario del nacimiento de Giuseppe Verdi y Richard Wagner inspiró a esta escuela de metodología constructivista y amplia experiencia en la educación desde y con el arte en edades tempranas a emprender, con la colaboración de la Escuela de Música de Viesques de Gijón, el que ha sido su primer proyecto de trabajo en torno a la música.

La pintura, las artes plásticas en general, son viejos conocidos de los alumnos de El Bibio, acostumbrados a aprender creando, experimentando y descubriendo entre las carnavaladas y mascaradas de Roberto Díaz de Orosia, la sofisticación de Gustav Klimt o las vanguardias del Museo de Arte Moderno de El Bibio (proyecto MAMBI).

Un cambio. El centro apostó por un lenguaje artístico nuevo y, asesorado por la Escuela de Música de Viesques, eligió la ópera. Y así, sustituyeron los pinceles, las pinturas y los lienzos por arias, coros y teatro.

La elección

¿Por qué la ópera? Se imbuyeron del espíritu de Wagner, de su concepción de la ópera como obra de arte total, y se decantaron por este género musical porque, entienden, a los niños les permite desarrollar un amplio abanico de capacidades que van desde la escenografía y el montaje a la representación teatral y coral o el maquillaje, entre otras.

Jugando a descubrir la ópera, se practican las matemáticas, la escritura y la lectura, la psicomotricidad y se trabajan el cooperativismo, la cratividad, la elección democrática, la autoestima y otros valores transversales en los proyectos de trabajo de El Bibio. Valores, estos últimos, coinciden los educadores implicados en esta iniciativa, que luego, en el actual sistema educativo estandarizador “se van perdiendo”, pero al menos, de El Bibio “salen con ellos en la mochila”, señala Mari Cruz Collado, directora de esta escuela de talante vanguardista y en esencia familiar.

La implicación e interés despertado en los alumnos ha sido tal que, para los coordinadores, este proyecto ha demostrado a las claras que la música, la ópera se puede impartir con muy buenos resultados en el currículo de Infantil sin necesidad de postergar su incorporación a Primaria, como en el sistema educativo vigente.

Sirvientas de Amneris en la ópera Aida de El Bibio

Sirvientas de Amneris en la ópera Aida de El Bibio.

Los niños de 3 a 6 años “demandan y disfrutan de la música sin prejuicios, de forma natural” e incluso “entienden mejor la ópera que los adultos”, porque no tienen que “desmontar” nada de lo aprendido en su vida para llegar a esa comprensión, explica Juan Antonio Martínez, director de la Escuela de Música de Viesques de Gijón. “Y si no entienden algo, se lo inventan, de manera que todo adquiera un sentido”, agrega el músico y profesor.

La pantalla, el escenario, los trajes, el maquillaje… Cada pieza del arte operístico les atrae y cautiva, dan fe las educadoras de la escuela infantil gijonesa. Si no, ¿cómo se entiende que niños de 3, 4 y 5 años hayan pasado horas viendo grabaciones orginales, que no adaptadas, ni cortes, de las representaciones más afamadas de Turandot, El holandés errante y Aída? ¡Y pedían bises!

Y es que Turandot, de Giacomo Puccini, en el nivel de 3 años; Aída, de Giuseppe Verdi, en el nivel de 4 años, y El holandés errante, de Richard Wagner, en 5 años, fueron las obras seleccionadas para estimular el aprendizaje creativo desde el lenguaje musical en estos casi 70 alumnos.

Sin ser las obras más comerciales de estos compositores, los temas seleccionados captaron todo el interés de los pequeños. “Un reto –relata una de las tutoras, Carmen Morán- fue adornar los finales para que no resultasen tan dramáticos, dejarlos abiertos”.

Finales que llegaron a representar. Porque los chavales demandaron su momento de gloria, fuese vestidos de coro de marineros, de séquito imperial o de personajes principales, para interpretar, como gran estreno, sus fragmentos favoritos de las tres obras.

El proyecto paso a paso

La representación, bombo, platillo y carteles mediante (elaborados, por supuesto, por ellos mismos), vendría a cerrar casi cuatro meses de trabajo que arrancaron con una entusiasta investigación, en la escuela y en casa, con las familias, en torno a los autores, los protagonistas y sus épocas históricas. ¿Quiénes fueron esos compositores? ¿Dónde vivieron y cómo eran aquellos países? ¿Las mamás de Verdi y de Wagner?

Batalla documental, ésta, que los alumnos, organizados en equipos de trabajo, lidiaron en Internet y entre libros, cuentos y todo tipo de materiales traídos de casa; incluyó la elección, por los propios niños, del traje de carnaval. Los aspirantes a tenor y soprano incluso enredaron entre bambalinas durante una visita a la Escuela de Arte Dramático de Asturias y comprobaron en la vida real qué son eso de la iluminación, el decorado, etc. a su paso por el Teatro de la Laboral (Gijón).

Y como en la metodología de El Bibio son los propios alumnos quienes eligen y descubren, mientras la educadora se limita a transmitirles los conocimientos desde el cuento, a estimularles y acompañarles, sin dirigirles, pues ellos mismos decidieron qué era lo que querían investigar y aprender sobre los compositores y su legado musical, de qué personajes disfrazarse; qué recetas llevar a los talleres de cocina y qué piezas representar. Las actividades y conocimientos adquiridos, en forma de adivinanzas, poesías y otros contenidos que llevan el sello individual de cada protagonista de su aprendizaje, han quedado recogidos en los dossieres elaborados por los alumnos a modo de memoria del proyecto. Merece la pena verlos.

Tomadas las decisiones democráticamente entre todos, llegó el momento de pasar a la acción. Y así, los aprendices de músicos ejercieron de pintores y artesanos para decorar sus trajes, elaborar los decorados y el telón de su propia representación. Los documentos gráficos captados dan fe de que se lo pasaron en grande pintando sobre la tela dragones plateados, decorando columnas de mentira con letras chinas o construyendo pirámides con cartón y brillantina. En paralelo, sus padres y tutores se sumaron al equipo de la Ópera prima de El Bibio como modistas y sastres a través del taller de corte y confección del carnaval.

En su mochila de aprendizaje quedan también sus escarceos con la mozzarella, el chocolate o las verduras. Porque los pequeños elaboraron la tarta estrella del país natal de Wagner, la Selva Negra; una pizza del país de Verdi, la Margarita; y unos rollitos de primavera que seguro gustarían en el reino de Turandot.

Todo listo para el final apoteósico, la ovación estaba cantada. También jugaban en casa: sus pequeños compañeros de 2 años como público entregado. Y… ta ta ta chan… Se levantaron los valiosos telones creados por los propios cantantes y El Bibio viajó atrás en el el tiempo hasta 1843 (El holandés errante), 1871 (Aida) y Turandot (1926), fechas de los estrenos originales.

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