«Escribo porque con la lengua no llego a lamerme las heridas», dice la poeta María Lorente en la cabecera de su perfil.

Escribimos desde las tripas, desde las sombras, como pataleta, para evitar la violencia, para sacar, «para que la verdad no nos estalle dentro y llene nuestras paredes de más amor, de más verdad, de más miedo» (Certezas al sol).

Cualquier prescriptor en escritura creativa coincidirá en el origen de este impulso. Estoy pensando en las palabras de la escritora Cristina Sánchez-Andrade al respecto en su diálogo con Alberto Echavarría en «Escribir un árbol, plantar un hijo y tener un libro».

La escritura nos salva del mundo y de nosotros mismos. Refugio. Me reafirmo. Lo compruebo cada día.

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Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.