Se le partió el alma en dos mitades igual de asustadas.
No quiso el cuerpo perderse la fiesta y se puso a gritar.

Con su llanto tiñeron las vísceras de rojo, verde y amarillo
la bandera de los viejos esclavos.

Las pestañas pesaban como a Atlas el cielo;
manos como flan buscando mesa.

En vano trató de volverse gas,
gas residuo, sin consistencia letal.

En vano trató de volar,
desnuda sobre las montañas,
con piedras sobre la mar.

La mitad grande sangraba,
sangraba sin parar.
Cortada para titán, la pequeña taponaba el corte,
baldía su voluntad.

Aquel día la celeste tornó a negro
antes de hundirse.
El infierno, sustituto, ambas mitades tragó.

Las paredes segregaron una pena marrón.
Con ella, el diablo una nueva cruz talló.

Hoy le he visto descender,
para dejarlas en esa otra casa
… sobre esa cuna.

Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.