Somos pura química. ¿Los hombres más? ¿Las mujeres más? Qué terreno tan pantanoso… Que se lo pregunten a las hormonas de cada cual. Cada sexo aguanta las suyas. Lerenda habla por las que le tocan, que bien regalaba al gato del cuarto, por eso de su condición de culpables (o al menos ése el recurso fácil, echarle la culpa a la pobre sustancia celular) de nuestras guerras internas psico y somáticas.

De paseo por el cuerpo humano (sistema linfático).

De paseo por el cuerpo humano (sistema linfático).

Los estrógenos y la progesterona, las estrellas del grupi fememino; la andrógena testosterona; la bondadosa endorfina, analgésica y antidepresiva (esta sí me cae bien) y la maternal oxitocina, que crea el lazo madre-bebé. Vaya cuadrilla. Actúan sobre tu cerebro y guisan en tu interior. Mandan mucho las hormonas.

Como apuntaba, es socorrido echarles la culpa de nuestras diatribas de identidad y nuestros ‘ponte patas arriba’. Pero, ¿conviene darle tanto protagonismo a la química en nuestras vidas? Una, que es de letras muy de letras, pues la química nunca la entendió muy bien. Y eso de dejarla campar libremente cuerpo y mente adentro sin cadena ni bozal… Igual quien se haya licenciado en ese frente (Ciencias Químicas), pues  se entende mejor a sí mism@…

No es buena terapia, pienso, tener muy sueltas esas ‘mensajeras químicas’. Probemos a enseñarles un poco de literatura, comunicación, lingüística… Menos fórmula y más letra, a ver si se desembrutecen un poco y crian más cabeza.

Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.