Los españolitos de los 70 y allande recelamos del calabazón anglosajón y lo tragamos a regañadientes, a él y a la parafernalia carnavalesca que conlleva, por mor de nuestros ñajos, que con tal de verlos disfrutar claudicamos una y otra vez… al ras de nuestros principios. Las editoriales han colado (hace ya unos años) Halloween en las didácticas escolares y los alumnos, claro, lo absorben como algo natural y propio. Nuestros niños se lo adueñan.

Calabaza espectral típica del Halloweeen anglosajón.

Calabaza espectral típica del Halloweeen anglosajón. Fotografía: Luana Fischner.

Todo suma. Ningún conocimiento (de los constructivos) sobra. Pero lo mismo que dibujan calabazas y fantasmas y fiestas de Halloween, que los chavales sepan ilustrar castañas y amagüestos (clave asturiana), que entiendan nuestra espiritualidad de Todos los Santos, que aprendan a interpretar esta festividad desde nuestra cultura.

Si se quedan con que el 1 de noviembre es cachondeo naranja y comprarse un disfraz en el Carrefour…. pues no nos engañemos. Será culpa nuestra, de las madres y padres, no de la Escuela.

Cementerio, punto de afluencia en Todos los Santos. Fotografía: Miguel de La Fuente.

Cementerio, punto de afluencia en Todos los Santos. Fotografía: Miguel de La Fuente.

Y dicho esto, feliz y, en todo caso, sereno (que son fechas de triste añoranza para muchos), puente de Difuntos.

Por cierto, que Halloween tiene raíces celtas… No la miremos tan mal. Voy a intentarlo ;-)

 

Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.