Gijón es perrolandia

Hace unos días coincidí con un perro tomando un café. Ayer, se me intentó colar otro en la cola del banco. Esta mañana, me crucé con un Chihuahua haciendo el Kilometrín. Gijón es una ciudad de perros. No me sorprende la compañía.

Proliferan los ciudadanos de cuatro patas, bien ataviados con su abrigo y hasta sombrero (para qué luego digan los de la capital que en Gijón vamos hechos unos gualtrapas) y paraguas (no es una hipérbole). Las cuatro patas las utilizan algunos; otros las descansan replegadas en sus cochecitos de perro, de los que, en nada, habrá versión Arrue.

Empiezo a dudar de que mis congéneres, cuando me ladran, sigan siendo personas.

Acertijo: ¿Perros o personas?

Acertijo: ¿Perros o personas?

Llegará un día, no lejando, en que sean más los perros que los humanos y Gijón será, no lo duden, una ciudad mejor.

Por cierto, yo quiero un galgo.

[Véase «Gijón se confirma como la mejor “ciudad amiga de los perros” en España»]

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