Para« ver lo que hay que ver» (en cientos de realidades), tod@s deberíamos venir de serie con un flequillo hasta las fosas nasales

El camuflaje que aportan las abundantes barbas que nos rodean en estos días de la era cristiana se completa con un flequillo de perro de lanas, es decir, laaargo. Pero ambas peludeces en una misma cabeza no deben de estar de moda, ya que apenas se ven en ésta-nuestra calle española y su paisanaje.

Un poco más y no veo.

Un poco más y no veo.

Les decía en otro post que hace ya un tiempo que levanto la cabeza y por todas partes veo hombres barbudos. Como, por razones culturales y de acera, descarto dejarme pelopincho de nariz para abajo, debuté recientemente con el flequillo. Uno de esos que he bautizado de «perro de lanas», aunque en realidad viene a ser de Yorkshire sin esquilar, y que me obligan a abrir la cortina varias veces al día si quiero ver tres en un burro.

Curioso eso de ver la vida camuflada tras una cortina.

¿Incómodo? Pschhh… un poco, les confieso. Pero, ay, amig@s, ya saben lo que la estética pesa desde que el mundo es mundo y lo que ha calado en nuestros congéneres eso de «renovarse o morir». Que le hubiesen dado a Eva unas tijeras allá en el Paraíso, que iba a lucir ella con aquella sosa melena,: sí-sí….

Bendito qui-qui cursi

Desde que tapo mi frente y mis ojos currelan para encontrar la luz entre los flecos, miro con ternura a los chuchos lanudos y hasta me apetece besar a las dueñas que les ponen un qui-qui de esos cursis para que el can pueda ver algo. Sí-sí, cursis serán, pero ¿y lo a gustito que marcha el chucho, con el frente despejado?

Adorables peluquer@s que nos animan a contratar flequillos largos y nos desaconsejan los mini/retro para que l@s visitemos a menudo. Quienes pisamos mal la peluquería, pero  incoherentemente elegimos este macro-fleco, pues cargamos con la penitencia de la cortina visual. Cierto que siempre queda la opción del auto-recorte (hazlo-tú-mism@), pero es para atrevid@s y manitas, que abundan menos de lo que algun@s porfían. Seamos serios: el buen corte de mi peluquera no lo logra usted en casa.

Entrever tras la cortina.

Entrever tras la cortina.

Ventajas del flequillo XXL

Tiene, no obstante, el look flequillo ovejero sus bondades, que quienes lo lucimos somos masocas, pero solo en grado de iniciad@s. Allá van algunas de sus ventajas:

  • Para« ver lo que hay que ver» (en cientos de realidades), tod@s deberíamos venir de serie con un flequillo hasta las fosas nasales. Me encanta el lado metafísico del flequillo: con él me quedo.
  • Adiós a las arruguitas de la frente. Sí: a esas arrugas de expresión que convierten nuestro frontón en una persiana. Y sin cremas caras ni cirujano estético. Así de fácil: «arruga que no se ve, arruga que no existe».
  • Las coletas batalleras esas de «a esprintar; hoy no me peino» quedan más estilosas. Dónde va a parar…
  • Olvídese de depilar las cejas un día sí y otro también. Total… pa-qué. Ah, y lo que va a ahorrar en rimmel por el mismo motivo. ¡Como si quiere prescindir también de la sombra y la raya de ojos! Chapa y pintura a la mar.
  • Si usted tiene una frente de esas que empiezan hoy y acaban el próximo año o con curva como para  ser señalizada… el flequillón es su traje de camuflaje natural.

Flequillo en corte bacinilla

No sé lo que aconsejan los cicerone de la estética, pero flequillo y pelo corto redondeando (la bacinilla de toda la vida), le aconsejo descartarlo. Pobres niñ@s de los 60 y 70, a quienes nadie les preguntaba. Aquellas madres deberían estar aún presas.

Poco más que loar o defenestrar en relación con esta cortinilla peluda. Solo recordarle que lo lave de vez en cuando, que el look grasientillo de algunas testas así vestidas dista de sentar bien.

Rosa Valle

Escritora y comunicadora, que haya terapia en las letras, su refugio y su esencia. Certezas azules en la mar, en los ríos —aqua summus— y verdes en el monte, las montañas, la natura.