Fantasmas

Hombres, mujeres; ancianos, niños; amantes idealizados y amores malogrados; amigos del alma que salieron rana… Nuestros fantasmas adoptan distintas formas, perfiles varios, y guardan con nosotros distintas relaciones de parentesco y afinidad.  A más edad del vivo, más fantasmas acumula. Es lo que hay. Y si no, malo, porque entonces es que poco hemos vivido. Ya se sabe que “arrepiéntete de lo que lo que hagas, no de lo que no hagas”.

Fantasmas: a todos nos alcanzan.

Fantasmas: a todos nos alcanzan.

Ay, nuestros fantasmas. Qué lata dan a lo largo del camino. Los hay juguetones (escasean), pero la mayoría pinchan, son espinosos, inoportunos, dolorosos y… perseverantes. Ahí están, en nuestros sueños, en nuestro pensamiento, en los momentos de mar revuelto (cuando nuestras defensas psicológicas bajan y nuestra necesidad de cariño sube), en las fotos, en la pregunta inocente de un niño que es dedo en la llaga…

Hay que acostumbrarse a vivir con ellos, no queda otra. Y a mantenerlos a raya, no vaya a ser que nos peguen su esencia inanimada y, por contagio, acabemos convirtiéndonos en muertos en vida, en cangrejos que van de lado, o peor, en nostálgicos perde-tiempo que caminan hacia atrás. Coto a esos fantasmas como hacían en aquella vieja película de Ivan Reitman, Ghostsbusters (1984).

A la guillotina con él

Si hay un momento glorioso, de plenitud por cuanto que superación personal en la vida, es cuando uno logra matar un fantasma de esos insistentes, que llevamos tatuados, parásitos de nuestras emociones. Parecía perenne, pero no. Lo hemos guillotinado. Ya no llama a nuestro pensamiento, ya no nos confunde y, por supuesto, ya no duele ni lo idealizamos. Por suerte, este fantasma tenía fecha de caducidad. Qué respiro. ¡Qué liberación!

 

Hay fantasmas espina, inoportunos y perseverantes.

Hay fantasmas espina, inoportunos y perseverantes. Y otros inspiradores.

A otros fantasmas, los de aquellos recuerdos que no hacen daño y además nos afianzan en nuestro lado del mundo, hasta hay que mimarlos. Nos acompañarán eternamente y está bien que así sea.

Tú, fantasma

Los que duelen y son para siempre, buenos en vida pero herida abierta en los vivos desde su más allá…Pues para con esos no hay terapia universal, porque… son palabras mayores. Es ley de vida y a todos, mejor sea tarde que temprano, nos toca cargar con los fantasmas de nuestros seres queridos. Algún día nosotros mismos, al cumplirse nuestra mortalidad, también seremos fantasmas de estos…

.. Y seguramente también lo somos ya (fantasmas), en vida, de otros vivos. Pecado narcisista ser de los espectros que otros, que nos han amado o a quienes, quizá incluso sin quererlo, hemos marcado, tardarán en matar.

 

 

Un comentario en “Fantasmas

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