Mediocres apoltronados: gravemente peligrosos

¿Qué tiene que ver una poltrona con un mediocre? Mucho, si hablamos de España. El culo del segundo suele reposar sobre la primera. También hay apoltronados válidos que un día dejaron de creer en el sistema y hasta en el ser humano y abandonaron la filosofía del esfuerzo, de dar lo mejor y hacer las cosas lo mejor que uno sabe. Pero, en las poltronas laborales, políticas y de otros salones del poder, buena parte de los culos pertenecen a una persona mediocre.

Entiéndase por mediocre  «de calidad media»: acepción 1 del Diccionario de la Lengua Española de la RAE. La acepción 2 también me viene al pelo: «De poco mérito, tirando a malo».

Poltrona

Uno no es mediocre por desgracia natural. A quienes la naturaleza, la vida o ellos mismos mediante su cadena personal de elecciones han hecho de calidad intelectual media, no les endoso el término, por lo que tiene de peyorativo. Un mediocre es el que va de que sabe, pero no sabe; no suele haber que rascar mucho para verles el plumero.

Hay mediocres que exhiben su mediocridad con descaro y otros, encubiertos. También hay grados de mediocridad.

Y el sistema educativo español, tal como está configurado, es una fábrica de mediocres. Menos mal que hay algún profesor dándole la batalla a la tendencia,  que si no, que sería de nuestros vástagos, semillas para el futuro.

Un mediocre apoltronado (a este grupo quería llegar)  es el que va de que sabe pero no sabe y, encima,  tiene la suerte de haberse hecho con un sillón en el mercado laboral, en el administrativo o cualquier otro de la vida civil y no lo suelta (el sillón). El sillón es la poltrona.

Mediocres apoltronados los hay a patadas. Jóvenes, cuerpogenarios; de ambos sexos; con carrera y sin carrera. Algunos son inofensivos. No molestan. A los de este perfil solo podemos reprocharles el estar ocupando un lugar que bien quisieran para sí miles de personas más cualificadas, capaces y proactivas (¡injusticia social!). Luego… ¿no molestan o sí molestan? Igual es más exacto afirmar que los mediocres apoltronados que no se meten con nadie, sino que se limitan a dormir tranquilamente en su cómodo asiento, son levemente dañinos.

Gravemente peligrosos

Los mediocres apoltronados gravemente dañinos son quienes, encima de seguir, desde que nacieron, la ley del Mínimo esfuerzo, no dar palo al agua y henchirse ante los demás de falsa sabiduría, se dedican a desalentar, humillar y/o patear al no-mediocre que no tiene ni poltrona ni ese volumen del buche de un palomo de cortejo.

A estos últimos apoltronados debemos mantenerlos a raya, porque se  nos cargan  el país y abortan la acción de los válidos introvertidos que están por salir del cascarón, inseguros o  con cualquier otro rasgo de carácter o circunstancia interior o exterior que les apoquine y disuada para enfrentarse al mediocre de condición (social, que no moral) superior. ¡Hay que moverles las poltronas! Ahí es labor de esos jóvenes preparados y dispuestos, que los hay, pese a lo que diga el plan PISA. De los que no están largando a toda pastilla por Los Pirineos, claro. Contamos con ellos para levantarles a los mediocres esos sillones en los que se repanchingan y desde los que impunemente pretenden sentar cátedra cuando, impostores, distan de ser catedráticos.

Detrás de  cada joven, y no tan joven, desaliento, china en el camino y otras perrerías para minar a los válidos, encuentro cada vez  con más frecuencia a un mediocre apoltronado. ¿Casualidad? ¿Abundan? ¿Los riega la crisis? ¿Son más visibles? … ¿Cuál es vuestra experiencia y digestión?

No he apuntado con dardo hacia los apoltronados egoístas e insensibles, insolidarios, que miran hacia otro lado cuando hay tomate, para que la mierda no les salpique.  Suelen caer poco simpáticos  a los válidos puteados por un sistema corrupto y corrompido.

2 comentarios en “Mediocres apoltronados: gravemente peligrosos

  1. ¡Ay qué razón llevas! Porque ahora vamos todos contra los inútiles y corruptos políticos, pero el mal está en todas partes. Acabo de terminar un contrato con la administración y me he encontrado eso, y lo peor es que pretendían que estuviese sin hacer nada, y puedo decir que es lo peor que te puede pasar, estar más de 7 horas en un puesto de trabajo sin hacer nada. Te das cuenta de la pobreza mental y ética de algunas personas, y lo peor es que no son unos poquitos. ¡Qué pena me da todo. Un saludo

    • Habitan en todos los sectores laborales y a lo largo de todos los niveles jerárquicos. Pero en unos, por ejemplo, el educativo, hacen especial daño. Es muy triste, sí. Al menos, los identificamos; que no nos la den con queso.
      Gracias por tu comentario.

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