Era teícola

Fervinches, brebajes, hierbas en orgía y con exótico atrezzo están hoy en boga entre los cafeinómonos tránsfugas en este país.

El té «es más sano», dicen. Y allá vamos todos los excafeícolas en desbandada.

El té está de moda, sí, por si no se habían dado cuenta. En el office del curro, en la alacena de la cocina, en los blogs de vida sana. Hasta las niñas (culpa de Alicia) piden cestitas con la parafernalia de recipientes en su lista de los Reyes.

Teícola.

Teícola.

España está cambiando. Se está volviendo teinómana. De aquí al Brexit, un paso. Si Juan Valdés levantara la cabeza…

Será por colores

  • El té verde hace honor a su nombre. Verde. Para ingerirlo se recomienda amarrarse previamente, por eso de impedir cualquier escapatoria. Previene contra todo (hipertensión, enfermedades cardiovasculares, mal de ojo, quita las telarañas de la cuenta bancaria… hasta te busca un novio guapo). Acabará por convecernos cuando leamos que, además, es antioxidante.
  • Luego está el té blanco. Esti ye pa guajes (el champín de los tés). También desoxida las tuberías.
  • El té rojo. Este mola. Es bueno para los intestinos, los riñones. Ayuda a mantener a raya la gota y el ácido úrico. Los cafeícolas lo suelen tolerar bien.
  • El té negro. El clásico. El genuino. El de toda la vida por estos lares. El más bestia (nada de pijaes), por su mayor carga de teína. Comparte beneficios para la salud con el resto y, como contiene flúor, ayuda a prevenir las caries dentales.

No va a descubrir TERAPIA DE LETRAS la pólvora en cuanto a los efectos beneficiosos de esta infusión para nuestro organismo, que para eso hay webs mil de salud y belleza. Aquí solo los removemos con el palo.

¿Sabéis que el té tiene puntos de conexión con el fush fush? El fush fush, ese antídoto contra el bajón extremo, la desesperanza y la depresión patentado por TERAPIA DE LETRAS. En casos extremos, allá donde las pastillas ni el espray funcionan, se recomiendan los baños de inmersión.

Pues con el té pasa algo parecido. Te sirve también para hacer largos. El té no te quita la chunguera, pero te pone las pilas. Digamos que ambos hacen buen tándem.

Niña preparada para la hora «itinerante« del té.

Niña preparada para la hora «itinerante« del té.

En la Europa pagana y en las culturas indígenas al otro lado del charco, los baños de té se utilizaron con fines mágicos. Hombre, hoy sabemos que no le podemos pedir tanto al chorrito, pero, en su uso externo, sí nos sirve para relajarnos y embellecernos.

Los baños de té contribuyen a restarurar el balance natural de la piel, refrescan y tranquilizan. No por capricho el té verde, por ejemplo, se utiliza en geles, cremas, colonias y otros productos cosméticos.

El té vende, vivientes. Proliferan los establecimientos gourmet dedicados en exclusiva a comercializar esta hierba y sus amigas y amigos. Yo creo que no hay mixtura de té que no esté inventada y en ellos no se ofrezca. Ozú, la de variedades que reúnen. Algunos no saben ni a té, o sea que, aunque no seas fan, allí hay un té para ti. Fijo.

Ya puede espabilar el marketing de las maquinitas esas sofisticadas de café, las de las capsulitas, porque el té pijo viene pisando fuerte. Eso de la terapia de la taza calentita de café en la mano y el buen rollito cuando se toma en compañía que vendía el anuncio… se está quedando obsoleto.

Es la era teícola. Sucumbamos.

Los latinos nos estamos britanizando. Porque anda que… lo de los cupcakes esos pitiminosos… telita el furor. Hasta en les camisetes. No conozco ninguna pastelería que haga solo casadielles y frixuelos, pero especializadas en estos pastelinos pomposos ya hay más de una y de dos en una ciudad pequeña como la mía.

El té con Lewis

No puedo cerrar esta reflexión sobre esta nueva costumbre de estimular las rutinas españolas que es la entrega a la teína sin rescatar la sátira que Lewis Carroll hizo en su colosal Alicia en el país de las maravillas de la costumbre británica de «la hora del té».

«Es la hora del té». Alicia, la Liebre y el Sombrerero Loco en su eterno ritual.

«Es la hora del té». Alicia, la Liebre y el Sombrerero Loco en su eterno ritual.

El autor, amigo de las tradiciones y los rituales, convirtió la encorsetada y pulcra convención de alta sociedad en una merienda al aire libre, bajo un árbol, donde personajes irreales se sirven té que no existe. Alicia se sienta con el Sombrerero Loco, la Liebre de Marzo y el lirón y allí juegan a los acertijos. Irritables e impacientes, sin comida ni té, conforman el típico grupito de clase alta. Como para no estarlo… Recordemos que están condenados por la Reina a repetir «la hora del té», en concreto a las seis de la tarde, por toda la eternidad —«vaya forma estúpida de matar el tiempo»-. La fiesta y estética de su hora loca del té, con el cuento trocado en filme, ha calado entre nuestros críos. Sus irresistibles protagonistas son los causantes de que nuestras niñas jueguen a tomar el té con el meñique levantado.

#té #LewisCarroll #café

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