Emigrar

Cuando de niños poníamos a prueba la paciencia de mi madre, ella amenazaba con emigrar a Australia. No sabía yo, inocente provocadora, que años más tarde, en mi madurez, haría mía esa amenaza. Clavadita. Hasta el mismo destino. Marchar. Lejos. Para no volver.

Lejos de las personas que nos hacen daño.

Lejos de las obligaciones que nos anclan.

Lejos de la asfixia de vivir con peso.

Lejos de las injusticias que nos desangran.

Lejos de los mandatos que nos someten.

Lejos del estrés emocional.

Lejos del lado de los tontos.

[Lejos de tanto que hay cerca].

En la vida hay momentos para quedarse y momentos para emigrar: suerte con la operación aritmética, habitantes.

No conozco Australia. Debe de ser bonito. Con esos canguros que saltan lejos, tanto que emigran a cada salto.

4 comentarios en “Emigrar

  1. Mi madre no sabía de Australia, pero sí estuvo preseleccionada para las olimpiadas en la modalidad de lanzamiento de zapatilla…
    Qué decir de aquellas madres que peleaban entonces con varios churumbeles y quizá con maridos que entendían poco su condición de mujer. No sé si hemos evolucionado mucho al respecto.

    Desaparecer, huir, emigrar…
    Recuerdo a una mujer ya veterana que vino a mi consulta. Tras años de mala vida de convivencia con marido e hijos, me dio un consejo, que según ella, tardó tiempo en aprender y entender. Me dijo «ante situaciones que te superen, aunque estés convencido de que tienes la razón… Cambia tú y cambiará el mundo a tu alrededor».

    Evidentemente no pretendía que yo cesase en mis razones en la vida, sino que observase a ésta desde otra óptica, una más sosegada e interior. Que aprendiese a afrontar los problemas de otra manera, con otra táctica, y que en cuanto yo me relajase, el mundo que me rodeaba también lo haría.

    Hace pocos años leí una cita de Rober Kiyosaki, un fámoso empresario, inversor, escritor, conferenciante y orador motivacional estadounidense de ascendencia japonesa. Ahora millonario. «Aprendí que en la vida no existe una respuesta correcta o equivocada. Aprendí que en la vida tendemos a hacer elecciones, y que cada elección tiene una consecuencia. Si no nos gusta nuestra elección y su consecuencia, entonces debemos buscar una nueva elección y una nueva consecuencia».

    Fue poco después de que aquella mujer me revelase su experiencia de vida. Hice una simbiosis entre ambos aprendizajes y fue una revelación para mí. Fue entonces cuando le di un giro de 180° a mi vida y a mi manera de afrontarla.
    No se trataba de ninguna filosofía Zen, sino de colocarme en el centro del círculo y no en la línea que lo rodea. Yo iba a ser quien hiciese girar a todo lo demás a mí merced, y dejaría de ser yo quien diese vueltas como un loco. Me relajé y pensé que si yo encontraba mi paz y mi equilibrio interior, podría ayudar a atajar mejor aquello externo que me desequilibraba, y por tanto aún encontraría más paz.

    Cuando damos, en ocasiones recibimos doblemente. En primer lugar porque nos sentimos bien con nosotros mismos, y en segundo, porque ese cariño muchas veces nos es devuelto con creces.

    Del mismo modo, cuando estamos estresados o la toxicidad que nos rodea nos asfixia, si conseguimos encontrar nuestra paz, ésta en muchas ocasiones también nos será devuelta externamente.

    Como todo en la vida, requiere entrenamiento y no es perfecto. Pero por mi experiencia puedo decir, que a mí me ha ayudado mucho a encontrar mi camino y mi equilibrio.

    Como dijo Bruce Lee, «Be water my friend».
    No obstante, no se trata de poner la otra mejilla, sino de adelantarse y saber esquivar los golpes, o evitar que éstos se sucedan.

    • Hay personas tóxicas que culpan a el resto de sus errores, o de su incapacidad de afrontar la vida como un adulto asumiendo que sus decisiones y sus consecuencias, son exclusivamente propias, y que la solución también ha ser propia.

      Quien brilla con luz, es valiente y decidid@, no ha de cambiar, solo ha de evolucionar un poquito.

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