El ‘encanto’ de la nieve

Que alguien encienda el sol y derrita la nieve que nos cubre y hasta nos rellena como pavos de película americana.

Añoranza de calorcito, de luz, que ponga en marcha (con gana) la maquinaria del cuerpo, que estos días pesa más que las calderas industriales. Ese frío que nos abotarga y paraliza…

A algun@s el manto blanco los lanza a la montaña, equipo y parafernalia mediante (cartera también), llenos de euforia y energía… A otr@s solo les invita a quedarse en casa. No hay abrigo que nos parapete de la gelidez interior que imprime este tiempo.

Yo, mejor calentito aquí dentro.

La rutina diaria se vuelve cuesta arriba cuando el termómetro baja. Bendito sur, afortunados sureños.

El cuello y los hombros se cargan de sostener tanta capa de indumentaria. Duele recordar la caricia del sol que se fue.

Las redes sociales se plagan de bucólicas estampas de pueblos blanqueados por efecto climatológico. «¡Ooooh, qué bonito!»… y qué frío y qué poco práctico.

Sueña la niña de ciudad poco visitada por la nieve con hacer el muñeco del cuento. Dichoso el adulto que conserve esa ilusión. Yo estos días solo siento frío y morriña de sol.

¿Soy la única que no le ve el encanto a la nieve por ningún sitio?

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